Jorge Isaac Bautista Lara
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En homenaje al gran compositor y místico poeta de la canción romántica, el mexicano Agustín Lara (1897-1970), Natalia Lafourcade grabó el disco “Mujer divina”. Según su propia versión, tardó más de un año en preparar este disco. Se identificó con su música y “su linda letra”, y por su especial conexión con las mujeres, siendo ella mujer. Es una anécdota, dice Natalia, que la canción “Mujer divina” fue escrita para Angélica, porque esta comentaba que no, que estaba escrita para las mujeres en general.

“Mujer divina” es realmente la poesía hecha canto: “…tienes el veneno que fascina en tu mira… tienes el perfume de naranjo en flor, el antiguo porte de una majestad… la divina magia de un atardecer... y la maravilla de la inspiración… razón de mi existir. Mujer”. Tan preciosa en letra y música que Javier Solís, más tarde, no resistió interpretarla, y aun a la fecha se sigue interpretando por otros.
Vicente Fernández canta a la mujer en plural “Mujeres divinas”. Y les dice que  “… Las horas más hermosas de mi vida, las he pasado al lado de una dama… mujeres o mujeres tan divinas, no queda otra camino que adorarlas”.  Y en “Sublime mujer”  Vicente abdica gustosa y felizmente, y reza “…yo me rindo ante el ser que se llama mujer… porque para mí basta con solo un perfume que huela a mujer para ser un esclavo romántico y loco del más bello ser… yo nací para amarlas, sublime mujer… Porque fue una mujer la que me dio el ser. Por eso te bendigo, sublime mujer… Porque solo ella tiene la fórmula mágica. Todo el poder, de convertir al hombre en simple mendigo o señor también”.

Roberto Carlos la sueña y la hace su vida, y para quien “Todo hombre que sabe querer se apasiona por una mujer y convierte su amor en su vida y comida y bebida en la justa medida…”.  

Juan Luis Guerra ha contado otra anécdota; que al terminar de escribir la canción “Mi bendición”, salió del estudio y fue a la cocina; le dijo a su esposa que escuchara lo que acababa de escribir para ella; así cantó por primera vez; “Dicen que las flores no dejan de cantar tu nombre… que las olas de los mares te hicieron un chal de espuma, de nubes y lirios… mi cielo, mirarte, decirte un “te quiero” al oído… qué bendición”.

En  “A ti mujer”, José Luis Perales les canta a lo que es su gloria en su vida; “… no importa quién seas, ni de dónde vengas, ni porque te vas. Mujer, quisiera escribirte una carta de amor, porque eres el centro del Universo y creo en ti mujer…”

Eres tú mujer, hermoso ser, que te filtras entre las rendijas, entre las horas, entre las gotas de agua, y generas  la nostalgia; “… La otra noche vi brillar un lucero azul y no estabas tú; la otra tarde vi que un ave enamorada, daba besos a su amor, ilusionada y no estabas…”, así lo asegura Armando Manzanero.

Agustín Lara se deslumbró por María Félix y le escribió “María bonita”; “… tu cuerpo del mar juguete, nave al garete, venían las olas lo columpiaban… Te dije muchas palabras, de esas bonitas con que se arrullan los corazones, pidiendo que me quisieras, que convirtieras en realidad mis ilusiones. La Luna que nos miraba, ya hacía un ratito se hizo un poquito desentendida, y cuando la vi escondida, me arrodillé pa’ besarte y así entregarte toda mi vida”.

En el canto se bendice tu existencia, “Bendita tu luz”, en el canto de Maná y Juan Luis Guerra; “Bendito el lugar y el motivo de estar ahí, bendita la coincidencia; bendito el reloj que nos puso puntual ahí, bendita sea tu presencia; Bendito Dios por encontrarnos… en el camino y de quitarme esta soledad de mi destino. Bendita tu luz, bendita la luz de tu mirada”.

Y se te pide el regalo de lo que eres; “Regálame tu risa, enséñame a soñar. Con solo una caricia, me pierdo en este  mar… Haces que mi cielo vuelva a tener ese azul…” (Pablo Alborán).

Y llegar a querer lo inapropiable; “Adoro la calle en que nos vimos, la noche cuando nos conocimos. Adoro las cosas que dices, nuestros ratos felices, los adoro vida mía”,  cantado con el corazón por Armando Manzanero.

“En palabras simples y comunes yo te extraño, en lenguaje terrenal mi vida eres tú: en total simplicidad sería yo te amo… el espacio donde me alimento de tu piel… y en tu cuerpo encontrar la paz…”. Así lo comprende Chayanne (“Yo te amo”). En cada frase se intensifican al acompañarse de la música para la que fueron escritas.

Música y letra construidas para ti, mujer, ser tan bellamente distinto. Para quien se cantó y se canta. Para quien nos da, en su misma existencia, un acto de fe en la existencia de nuestro Creador.

 

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