Erick Aguirre
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El historiador Rafael Casanova Fuertes, dedicado casi de por vida al estudio e investigación de las luchas populares en Nicaragua, ha publicado un nuevo libro titulado Una aproximación a las rebeliones mosquitas en el Caribe Nicaragüense –1894-1915– (Banco Central de Nicaragua, 2015), en el que aborda aspectos muy importantes de nuestra realidad.

La investigación tiene características que obligan a su encomio. Una de ellas es destacar, sobre otros motivos, los factores de resistencia, lucha y sublevación de las comunidades afectadas durante el  proyecto de la Revolución Liberal (1893-1909) en el Caribe nicaragüense a finales del siglo XIX; lo mismo que la resistencia popular durante la consolidación del dominio del Pacífico, ya en el periodo de la Segunda República Conservadora (1910-1928).

Casanova aborda uno de los hitos políticos más importantes en el proceso de comprensión de las seculares diferencias entre el Pacífico y el Caribe nicaragüense, pues las rebeliones de 1894 y 1915 en el sur y norte del Caribe son referentes claves para entender las profundas diferencias identitarias que históricamente han predominado entre estas dos Nicaragua.

El libro nos permite reinterpretar, desde una distinta perspectiva, las legítimas reacciones comunitarias ante el primer esfuerzo de sometimiento de la autoridad central del Pacífico sobre esa “otra” región caribeña, que a partir de 1894 pasó a estar circunscrita políticamente dentro de la Nación nicaragüense, luego del largo periodo de protectorado británico (1678-1894).

Las diferencias y contradicciones político-culturales entre la Nicaragua mesoamericana y la caribeña han sido explicadas de diversas formas por los historiadores. Hasta hace poco casi todos coincidían en ciertos ejes de interpretación que giran en torno a la idea, o la convicción, de que la colonización en ambas regiones correspondió desde su primer momento a modelos culturales y étnicos completamente diferentes.

En el Pacífico, los grupos de poder siempre intentaron extinguir, hasta finalmente invisibilizar, a las comunidades indígenas. En el Caribe, con la finalización del protectorado inglés y la incorporación política de la llamada Región de la Mosquitia al Estado Nacional, se consolidó un proceso de hegemonía desde el Pacífico que ha agudizado paralelamente las diferencias culturales entre ambas regiones.

El contexto histórico estudiado por Casanova es el mismo en el que se produjeron los primeros desencuentros culturales entre la población caribeña de Nicaragua y el gobierno de la Revolución Liberal. Específicamente el proyecto, iniciado en 1894, de lo que el gobierno del General José Santos Zelaya llamó Reincorporación de la Mosquitia.

Como bien afirma Casanova, la llamada Rebelión Jamaicana, o Jamaiquina, de 1894, constituyó una legítima reacción de las comunidades del Caribe sur frente al proyecto liberal; y la rebelión de indígenas en Sandy Bay, conocida como el Levantamiento de Sands, en 1915, fue a su vez un “recurso extremo” de los pobladores del Caribe norte contra “los malos tratos de los funcionarios del Pacífico y las irregularidades de la Comisión Tituladora de Tierras”, producto de los acuerdos Harrison-Altamirano (1905), durante la administración conservadora de Adolfo Díaz (1911-1917).

Por sus características particulares, los protagonistas en ambas rebeliones varían en cuanto a su origen o naturaleza étnica y cultural. En la Rebelión Jamaicana participaron mulatos criollos, negros jamaicanos y misquitos; además de “otros elementos externos apegados a fuertes intereses económicos”. En tanto, el Levantamiento de Sandy Bay tuvo como principales protagonistas a las comunidades misquitas.

Casanova señala que, independientemente de las diferencias en tiempo y espacio, ambas rebeliones comparten la característica de haberse constituido en “movimientos reactivos”, es decir, de reacción y fuerza por parte de las comunidades locales que resistieron, y siempre han resistido, frente la dominación cultural y las imposiciones del Estado nacional.

La tesis de Casanova no solo tiende a destacar y visibilizar el protagonismo histórico de las comunidades indígenas del Caribe, sino también subraya que la pretensión, tanto de la Revolución Liberal como de los gobernantes conservadores, fue la imposición de un Estado Conquistador del Pacífico.

También sugiere que, históricamente, todo intento en ese sentido siempre constituirá una agresión, un proyecto político equivocado e inútil.

Es por eso que también propone una lectura más detenida de los acontecimientos, que a la postre evite la recurrencia de los mismos errores en la actualidad.

* Escritor y periodista.

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