Editorial
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Cada vez que el sector empresarial, los sindicatos y el Gobierno se sientan a negociar el incremento anual del salario mínimo, saltan a la mesa dos posiciones que merecen ser conciliadas cuanto antes para que Nicaragua avance más en la senda del crecimiento económico, lo que en términos prácticos también significa más empleos.

Los sindicatos, como cada año, presionan por aumentos salariales mayores de 11%, mientras los empleadores proponen que el ajuste no pase de un dígito, o sea menos de 10%, considerando que las empresas necesitan cuidar su competitividad para seguir en el mercado global, y esto implica afinar los costos de operación.

Es comprensible que los sindicatos defiendan el derecho de sus afiliados a devengar salarios mejores, pero es crucial que el monto de esta reivindicación sea coherente con la productividad, el crecimiento económico del país y el nivel de precios (inflación), para evitar que las empresas se desequilibren porque esto derivaría en recortes de personal en cualquier momento y la medicina terminaría causando más daños que beneficios.

Hay circunstancias que deben ser bien analizadas, como las que atraviesa el sector agropecuario por los efectos de las lluvias irregulares en 2015. El año pasado, al no lograrse un acuerdo de consenso en la mesa tripartita del salario mínimo, el Ministerio del Trabajo aprobó un incremento de 11.48% para el agro. Ahora la Unión de Productores Agropecuarios (Upanic) pide que el aumento a la paga mínima en ese sector sea menor de 10%, argumentando que los agricultores quedaron afectados en lo económico por el problema climático.

Así como los empresarios sopesan costos y proyectan inversiones para mejorar sus capacidades de competencia, los sindicatos deben valorar qué es más importante hoy: Un incremento alto al salario mínimo que dejaría a muchas empresas con pocas posibilidades de inversión, o un aumento salarial moderado que luego les podría permitir expandir operaciones y dar trabajo a gente que quizás hoy está desempleada o subempleada.

Recordemos que el costo de la mano de obra es un factor importante para los inversionistas y las empresas extranjeras cuando deciden asentarse en un país, sobre todo en operaciones de zona franca que generan mucho empleo.

Las negociaciones del salario mínimo empezaron hace cuatro días y consideramos importante que este año concluyan con un acuerdo de consenso, que los ajustes sean aprobados por el empresariado, los sindicatos y el Estado, compartiendo la visión de que aumentos de salario equilibrados pueden contribuir a la creación de nuevos empleos.

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