Orlando López-Selva
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La nueva crisis diplomática que se suscitó entre Arabia Saudí y Teherán pone de manifiesto tres cosas: 1) que los regímenes menos democráticos son más proclives a los conflictos; 2) que cuando hay potencias regionales vecinas es más probable que sus recelos creen fricciones, y que; 3) no porque los actores sean potencias petroleras, implica que Washington siempre esté detrás azuzando.

La situación del Asia meridional y zonas aledañas, cada día se enreda y tensa. La agregación de situaciones conflictivas le resta viabilidad al futuro.

El problema no es que ahí haya nuevas crisis sino que nunca parece calmarse o apaciguarse esa región tan encendida. Como si la zona estuviera plagada de incendios que crecen y se propagan uno tras otro.

Ahora que el gobierno saudí mató al clérigo chiita Nimr Al-Nimr, desató la ira de Irán (¿equivaldría a hacer lo mismo con un obispo cristiano, en Occidente?). Teherán (de credo chiita) reaccionó violentamente. Mientras ciudadanos iraníes han destruido parte del inmueble de la embajada saudí en Teherán.

Arabia Saudí rompió relaciones diplomáticas. El efecto dominó: en protesta, Sudán, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos han retirado a sus respectivos embajadores. 

¿Qué le sucede al mundo islámico? Hay conflictos en Libia, Egipto, Afganistán, Siria, Turquía, Irak, Yemen “y ahora Arabia Saudí abre otro frente”. 

Las razones: unos dicen que por cuestiones de credo religioso;  otros porque el encono y rivalidad entre las dos potencias —Irán y Arabia Saudí—. (Occidente decidió darle un voto de confianza a Irán, comprometiéndola a solo usar la energía nuclear para fines pacíficos). Y hay quienes vinculan esta nueva crisis al gran-eje-bélico sirio, donde iraníes y saudís tienen fuertes intereses creados y encontrados.

¿Por qué el odio religioso tiene que aflorar cuando ellos, chiitas y suníes, son hijos de un mismo Dios? ¿Cuántos frentes quiere abrir el régimen monárquico de Riad, si ya tienen una guerra en proceso en Yemen; claramente han intervenido en Bahréin; y está ayudando a los rebeldes en Siria? ¿No creen en Teherán que al instigar a los países árabes se exponen a perder la poca confianza hasta hoy alcanzada en occidente?

En esa zona de mundo, donde confluyen petróleo, credos  diversos, judíos, musulmanes, monarquías intolerantes, y terroristas de todos los tipos “ya ha habido varios conflictos tormentosos en los últimos años”; es muy fácil que se enciendan otras hogueras. ¡Y se propaguen en cualquier dirección!

¿Acaso, con tanta crisis, ahí la diplomacia trastabille? La  escasez de recursos financieros internacionales pone en peligro la efectividad de cualquier misión de paz.

Esta crisis ha puesto en entredicho a Irán, por su irrespeto a la sede diplomática saudí; Riad, por su parte, se muestra agresiva con sus acciones transfronterizas.  

Consecuencias: ¿Surgirán nuevos grupos terroristas al margen de la ley? ¿Habrá alzas del precio del petróleo? ¿Será posible que estos países en cuestión se líen a golpes?

Es pertinente preguntarse si aumentará la posibilidad de que los grupos radicales pongan en peligro la estabilidad de la monarquía jordana “a lo lejos, el régimen más estable del mundo islámico”; y que traten de arrastrarlo hacia un conflicto mayor.

Seguramente Israel y Turquía tomarán partido de cualquier crisis en esa zona. 

Si la península arábiga es ya un foco de tensión, luego que el norteafricano se encendiera, y por ratos cayera en períodos de relativa calma, ¿qué más va a seguir? ¿Se debe el contagio únicamente a factores religiosos o influye en ello la lucha por el petróleo ―tesis mantenida tercamente por los radicales?―

Tampoco es el caso que todo conflicto se deba a que Estados Unidos sea el instigador; o que sus tropas ya hayan puesto sus botas en Irán y Arabia Saudí. Mantener esa tesis es una actitud supina.

El régimen de Riad es aliado de Washington; Irán no lo es. Es una verdad incuestionable. Pero si se diera un conflicto entre  Irán y Arabia Saudí, nadie ganaría nada.

¿Entonces, quién en esta zona del mundo está inmune de no involucrarse en cualquier disputa?

¿Qué está faltando ahí: la cordura, la democracia, el derecho internacional, la tolerancia intercultural y religiosa o controles externos a las potencias regionales? 

Ya las Naciones Unidas deberían montar un órgano encargado exclusivamente de las crisis en esta zona del planeta. La repetición de un hecho se convierte en una verdad estadística.

Cada vez que se enciende un foco de conflicto, aumentan las probabilidades de que el mundo tire todo por la borda.

¿O hay que esperar la inexorable sentencia bíblica?

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