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Alguien me envió un link por internet solicitándome firmar una solicitud al papa Francisco pidiéndole que renunciara “por su incapacidad de dirigir bien la Iglesia con sus prédicas y acciones contra la fe católica”. Tal solicitud, atrevida y llena de falsedades, es producto de la ignorancia y del fanatismo, que generalmente van juntos.

En 1962 San Juan XXIII inauguró el Concilio Ecuménico Vaticano II convocado para “abrir las ventanas” de la Iglesia y realizar una renovación de la vida cristiana, adaptar la disciplina eclesiástica a las necesidades y métodos de nuestro tiempo, lograr mejores relaciones con las demás religiones y trabajar por la unidad de los cristianos. Se buscaba un aggiornamento o “puesta al día”, renovando lo que más necesitara renovarse, revisando el fondo y la forma de todo. Se procuraba una apertura dialogante con el mundo moderno actualizando la Iglesia con un nuevo lenguaje conciliatorio frente a problemas actuales y antiguos. En 1965 el Beato Pablo VI clausuró solemnemente el Concilio promulgando los documentos que basados en la Biblia y la Tradición Apostólica hoy son la guía de la Iglesia: cuatro Constituciones, tres Declaraciones y nueve Decretos.

El papa Francisco no ha dicho ni hecho absolutamente nada que no esté apegado a lo que el Santo Concilio dictó en sus Constituciones y demás documentos aprobados por los Padres Conciliares (obispos de todo el mundo) bajo la presidencia de San Juan XXIII y el beato Pablo VI, a quienes Juan Pablo I y San Juan Pablo II honraron adoptando sus nombres. Le aseguro que he estudiado los 16 documentos conciliares y leído lo publicado por el papa Francisco, sus encíclicas, discursos, enseñanzas, declaraciones, y he seguido de cerca sus actuaciones. No existe una sola contradicción entre el papa Francisco y los documentos del Vaticano II. Le aseguro que los que denigran al Papa nunca han presentado una sola contradicción entre el Papa y lo promulgado por el Concilio como doctrina y práctica católica. Usted no tiene obligación de creerme, pero puede investigarlo con seriedad por si acaso quisieran engañarlo.

El Papa impulsa la Iglesia para que se cumplan más y mejor las directrices del Concilio, pues 50 años después algunas todavía están pendientes. Una Iglesia más abierta al mundo, cercana a la gente, misericordiosa más que legalista, compasiva más que condenatoria, pobre, sencilla, con espíritu de perdón y amor. Iglesia de sínodos (caminar juntos) más que de imposiciones, donde los dogmas (que nunca dejarán de ser verdaderos) se entiendan mejor desde nuevas perspectivas (como explicara Benedicto XVI). Una Iglesia sin corrupciones financieras, sin vanidades ni luchas de poder. 

Su mensaje de diálogo, paz y reconciliación entre los países, y también dentro de cada país, sus críticas al sistema político-económico mundial y a la tiranía del dinero, molestan a algunos ultraconservadores radicales. Pero, ¡esa es nuestra doctrina social y Francisco no la inventó! Jesús habló más fuerte: “Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja…” “No se puede servir a Dios y al dinero…” San Juan Pablo II condenó al “capitalismo salvaje” por absolutizar el mercado y sus injusticias sociales. La opción preferencial por los pobres la destacó el Concilio, igual que defender el medio ambiente aunque gasten más las grandes corporaciones multimillonarias. El auténtico cristianismo incomoda; a Cristo lo crucificaron por eso. Pero no existe cristianismo verdadero y al mismo tiempo “light” como a algunos les gusta. Cuando Francisco habla como Jesucristo golpea los intereses de gente muy rica y poderosa. ¿Quieren asesinarlo? No lo sé, pero muchos lo odian y quisieran callarlo. 

Abogado, periodista y escritor
www.adolfomirandasaenz.blogspot.com

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