Jorge Bautista Lara
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El Principito (“Le Petit Prince” en francés), de Antoine de Saint-Exupéry. Es una novela corta (1943). Considerado el libro en francés más leído y más traducido. Y uno de los libros más vendidos de todos los tiempos. En el episodio X se da el encuentro de El principito con un rey, un solitario rey, sin súbdito, que brindan el diálogo del monarca con una lúcida idea dar órdenes, obediencia y en consecuencia del saber gobernar. Y dice:

“Si yo le diera a un general la orden de volar de flor en flor como una mariposa, o de escribir una tragedia, o de transformarse en ave marina y el general no ejecutase la orden recibida ¿De quién sería la culpa, mía o de él?

--La culpa sería de usted --le dijo el principito con firmeza.

--Exactamente. Solo hay que pedir a cada uno lo que cada uno puede dar --continuó el rey. La autoridad se apoya antes que nada en la razón. Si ordenas a tu pueblo que se tire al mar, el pueblo hará la revolución. Yo tengo derechos a exigir obediencia, porque mis órdenes son razonables”.

Una orden debe ajustarse a un acuerdo previo de quienes la dan, para no colisionar, no es el estúpido asunto de quien puede más; y para los que se dirige, debe ajustarse a la capacidad, edad, medios que se dispongan, niveles académicos, economía, a la dignidad humana y sentido formativo. Recuerdo que saliendo de un supermercado un padre de familia que ordenó a una niña, unos 8 años, que llevara una cajilla de 24 huevos a un vehículo distante, con la mano tan pequeña perdió el equilibrio, los huevos se quebraron, el padre golpeó disgustado a la menor. ¿Era razonable la orden?

La orden debe orientarse a la necesidad de colaboración, para vivir en esa pequeña comunidad; la familia. Al título del texto, unas preguntas ¿Qué deseamos; escuchar y establecer; el grito de mando o de armonía en el hogar? ¿En la familia el yo se puede entender y construir sin comprender el nosotros? ¿Quieres que se cumpla tu voluntad o conducir y  colaborar en orientar el crecimiento, construcción y formación de nuevas vidas? ¿Quién te dijo que mandarás siempre? ¿Y cuándo enfermas? Un día envejeceremos y repetirán en nosotros el modelo que transmitimos. 

La paz social no inicia en la sociedad, se continúa en ella, inicia en el seno de la familia.

¿Quién manda? El “Himno a la familia”, una canción que retrata el modelo del Hombre y Mujer en la familia dice; “…que el hombre retrate la gracia de ser un papá; la mujer sea cielo y ternura, afecto y calor y los hijos conozcan la fuerza que tiene el amor…”, y canta; “… que en la cuna los niños aprendan el Don del amor; la familia celebre el milagro del pez y del pan”.

La familia es ese pequeño espacio donde se inicia la vida; los primeros pasos, caídas, aprendizajes, miedos, sentido del amor y fe, entre tantas otras cosas, buenas o malas también.

Anotando la singularidad en la familia, ahí la idea de la razonabilidad; el momento de dar la orden es uno de los puntos: algunas impartirlas en el momento; otras deben esperar. Y muchas veces nadie está, por desgracia, para decirnos cuánto es el tiempo prudente de espera.

Hombres y mujeres somos los que estamos al frente; directa o indirecta y parcial (separaciones de pareja), según cada complejidad de realidad. Y se es responsable de mantener el sentido de una familia. Ante una realidad compleja, dinámica, muchas veces desconocida y de tantos ángulos.

¿Pero cómo seleccionar las decisiones? No es fácil, más cuando no está en nosotros las circunstancias, y donde más que sujetos, somos objetos; alza de precios de productos, muerte, enfermedad, etc. A esta pregunta recurro a decirles que hace unos días llegó a mis manos el libro “Mirada y palabra”, de la Dra. Mayra Luz Pérez. Un libro que se lee como taza de café, a tragos lentos y largos para disfrutarlo. Donde el tejido de sus páginas contiene lúcidos pensamientos propios, como acopio de frases de tantos autores. De este libro, transcribo; “…según lo planteara el novelista del Mediterráneo, Amín Maalouf… El que está al timón no puede decidir de dónde sopla el viento, ni con  qué fuerza, pero sí puede orientar la vela”. A nosotros lo que nos queda es orientar, en las órdenes, la dirección de las velas en la familia. Y ese es el norte para saber quién manda en la familia.

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