Bayardo Altamirano
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El problema de la competitividad y las áreas que involucra ha sido bien definido por el Banco Mundial. Es el conjunto de instituciones, políticas y factores que determinan el nivel de productividad de un país. El reto es mejorarla, pues afecta la productividad, las exportaciones y el crecimiento económico. Pero hay grandes escollos para hacerlo.

La clasificación de los países se calcula sobre 12 categorías: instituciones, infraestructuras, entorno macroeconómico, salud, educación y capacitación, eficiencia del mercado laboral, desarrollo del mercado financiero, preparación tecnológica, tamaño del mercado, sofisticación de las empresas e innovación. Un menú amplio y complejo.

Hemos venido mejorando en competitividad global. Pero hay factores que nos impiden avanzar.

Entre otros, la burocracia, la deficiente infraestructura de transporte y el difícil acceso al sistema de crédito. Los problemas señalados más otros identificados localmente, proporcionan un diagnóstico claro para proponer soluciones.

Un desafío es la conveniencia de establecer una política de Estado sobre empleo y educación para alcanzar tasas de crecimiento elevado y generar mayores empleos, reformar la educación técnica y especializada para que no esté divorciada del mercado. Muy poco se ha avanzado en esos temas.

También son temas estratégicos reducir los procesos y alivianar los trámites burocráticos, a fin de permitir a los operadores privados desenvolverse rápidamente, modernizar y ampliar la infraestructura, abaratar el costo de la energía, y mejorar el acceso al financiamiento a las empresas con tasas de interés y plazos de financiamiento.

Sobre muchos de estos temas hay planteamientos internacionales que arrojan una nueva visión sobre los problemas de la competitividad. La productividad promedio de la industria en la región (52%) ha sido menor que la de los países asiáticos (67%) qué impulsaron investigación y desarrollo para fomentar la innovación (pobrísima aquí), no hubo una protección generalizada que se restringiera el progreso individual en las exportaciones y el financiamiento abundante, no implicaba subsidios en las tasas de interés.

Es un error subsidiar indiscriminadamente a las industrias con tratamientos fiscales y financieros especiales. El subsidio se debe otorgar solo a las que demuestren tener potencial para el crecimiento, de manera que puedan absorber la mano de obra disponible en los sectores menos eficientes. Son recursos escasos y no se deben derrochar con ineficaces políticas generalizadas. Si no, será difícil superar el subdesarrollo.

Hay que tomar en consideración lo mencionado con el fin de elaborar una buena política para incrementar la competitividad.

 

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