Jorge Familiar
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Uno de cada cinco latinoamericanos de entre 15 y 24 años de edad se despierta cada mañana sin tener que asistir a la escuela o realizar un trabajo remunerado. Entrampados por los obstáculos económicos, el embarazo temprano, la violencia o las bajas expectativas, ellos son los “ninis” —ni estudian ni trabajan— y son más de 20 millones.

Aun durante el crecimiento económico robusto de Latinoamérica, el número de jóvenes que no trabajan ni estudian no descendió, un hecho atribuible exclusivamente a un aumento significativo en el número de ninis varones.

El costo personal es sin duda enorme a nivel individual, pero también para sus comunidades y los países en donde residen.

Los ninis ayudan a perpetuar la desigualdad intergeneracional. Prácticamente el 60 por ciento de los ninis de la región proviene de hogares pobres o vulnerables ubicados en el 40 por ciento más pobre de la distribución del ingreso. Su falta de educación y de habilidades tiende a aislarlos en condiciones de bajo ingreso, de una generación a otra.

Los ninis también son más propensos a involucrarse en actividades criminales, aumentando los niveles de ilegalidad y violencia que rigen en algunos países centroamericanos, así como México y Colombia. Tenemos nueva evidencia que indica que, en un ambiente de violencia, un aumento en el número de ninis contribuye a un aumento en el número de homicidios, intensificando los riesgos que enfrentan los jóvenes y la sociedad en su conjunto.

Mirando hacia adelante, la difícil situación de los ninis también podría frenar los beneficios potenciales de la región gracias a nuevas condiciones demográficas. A medida que la proporción entre personas en edad de trabajar y la población en general aumenta en América Latina, el crecimiento económico y la reducción de la pobreza deberían acelerarse. Pero para lograr esto, la región tendrá que generar oportunidades educacionales y de trabajo para todos sus jóvenes —algo que no ha estado haciendo para un quinto de ellos—.

Atender el desafío que representan los ninis no solo asegurará un futuro mejor para aquellos directamente afectados, sino que también aprovechará su tremendo potencial para contribuir al futuro de la región en su conjunto.

Es por ello que el nuevo informe del Grupo del Banco Mundial, “Ninis en América Latina: 20 millones de jóvenes en busca de oportunidades” es especialmente oportuno. Ofrece un diagnóstico a profundidad del desafío que representan los ninis y presenta un análisis exhaustivo sobre opciones de política que pueden adecuarse a países y contextos específicos.

Para disminuir su número, debemos evitar que los jóvenes abandonen la escuela de manera temprana y también ayudar a una transición hacia un empleo estable, en el caso de aquellos que ya son ninis.

En México y Colombia, por ejemplo, los programas de transferencia condicionada en efectivo han servido para aumentar la matriculación escolar. En Argentina, Brasil y Chile, un cambio hacia la escolaridad a tiempo completo mejoró el rendimiento escolar y la tasa de graduación. Estas opciones amplias pueden ser muy costosas para algunos países, pero existen otras que pueden ayudar, como el desarrollo de capacidades socioemocionales específicas para evitar comportamientos violentos, tutorías y programas de emprendimiento, complementados por sistemas de detección temprana para identificar a aquellos jóvenes que corren riesgo de abandonar la escuela.

Teniendo en cuenta que dos tercios de los ninis son mujeres, los programas escolares para evitar el embarazo y esfuerzos tendientes a ayudar a las adolescentes embarazadas a permanecer en la escuela han demostrado ser efectivos a la hora de reducir las tasas de abandono. Ampliar la escolarización compulsiva, becas por mérito y el desarrollo infantil temprano también pueden ser efectivos.

Más aún, en pos de mejorar las posibilidades de sus jóvenes para encontrar trabajo, varios países de la región han llevado a cabo experiencias exitosas a través de un enfoque de capacitación basado en el mercado, inspirado en el programa chileno Jóvenes de 1991. La capacitación y los cursos son cortos, diseñados junto a los empleadores y vienen acompañados por una experiencia de pasantía, así como ayuda para encontrar e insertarse en un puesto de trabajo.

Una cosa queda clara: debemos luchar contra la creencia de que los ninis son jóvenes sin motivación cuya indiferencia los sume en la pobreza y la desesperanza. Ninis o no, los jóvenes tienen todo el potencial y es nuestra responsabilidad como sociedad ayudarlos a alcanzarlo. Puede hacerse. Varios esfuerzos exitosos están siendo llevados a cabo en América Latina.

Si bien esto requiere de inversiones públicas sustanciales, algo que podría llegar a ser complicado dada la actual desaceleración económica, postergar estos esfuerzos podría llegar a ser aún más costoso.

* Jorge Familiar es el vicepresidente del Banco Mundial para América Latina y el Caribe.

 

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