Jorge Isaac Bautista Lara
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Del libro de la Dra. Mayra Luz “Miradas y Palabras”, vale la pena transcribir lo que dice “… Antoine de Saint Exupery en su novela Ciudadela; que cada centinela es responsable del imperio: “Érase una ciudadela en el desierto, cercada por el sol, el calor, la sed y las arenas, pero sobre todo, cercada por el enemigo. El enorme castillo rectangular solo tenía como defensa a cuatro centinelas, uno en cada ángulo del edificio. Si uno fallaba, si se dormía, si lo mataban, por allí entraría el enemigo. Cada centinela, entonces, era responsable de toda la ciudadela y del imperio”.

En la visión interna, ¿qué costado o miembro de la familia es prescindible? Si se cree en la familia, la pregunta ofende. Pues en la familia el ser más frágil es quien convoca a protegerle, y quien nos une bajo causa común. En la visión externa deben protegerla; Estado, sociedad, universidades, etc. Y en el caso de las universidades es necesario anotar:

I) La impartición de clases de género en las universidades es atinado, justa y necesaria; el problema ha surgido ante la invitación frecuente de algunos profesores a sus alumnos (de 17 a 21 años), a “descubrirse” entre ellos (conocer su cuerpo), pero la invitación es a realizarlo con sus amigos de clase (entre las mujeres, entre los varones), en la argucia de libertad sexual. Esta invitación de quienes la imparten es un claro desborde al límite de docente que inducen, promueven, otros comportamientos y  opciones. Algo que no tiene nada que ver con reconocer y respetar las propias opciones sexuales de los alumnos, a lo que se debe llegar por decisión y convencimiento propio.

II) Nuestra sociedad “moderna” entroniza el relativismo, transformando las relaciones en líquidas, según Zygmunt Bauman en su libro “Amor líquido”; que significa que las amistades existen mientras son útiles; una filosofía que está penetrando la familia. Un cáncer basado en el egoísmo y provecho individual, y que prescinde de las necesidades de los otros. Educación que inicia en la TV (usuario llega a confundir realidad y ficción), y se completa casi con ingenuidad  en las mismas universidades, por increíble que parezca. En tanto no fortalecen ni eslabonan los enlaces, lo olvidan, para que estos jóvenes, tejan el siguiente escalón para formar e integrar su propia familia. Formamos seres para empresas y mercados, no para formar familia. Enaltecemos el trabajo, competitividad y preparación académica permanente, pero no se tiene en la mira la dirección hacia la familia, que nos da integralidad como seres humanos.

¿Alguien da algunas pautas para actuar en este tema dentro de las universidades? El mismo hecho de plantearlo resulta extraño, no académico, sino religioso. Cuando a la postre es centralidad en la formación del joven, en la formación de ciudadanos. Peor aún; ni las universidades de inclinación religiosa realizan la protección y el asesoramiento en el tema de familia. Y si las dificultades ya son tantas cuando se enlazan dos, ¿por qué fortalecer tanto los individualismos?

III) Es común toparse con clases que recomiendan a los alumnos que cuando tengan  su pareja, hagan prevalecer sus derechos sexuales con su pareja y  digan NO cuando no lo deseen, y dejen en pie su derecho a la libertad sexual y si no se respeta; es una violación y que lo denuncien. En ese punto, hombre y mujeres saben la complejidad de ese tema, porque hablamos de las parejas. ¿Sé es responsable al recomendar esto sin mayor explicación, y amparados en los derechos sexuales? Existirán casos en que él no deberá permanecer, pero no debe ser el necesario punto de partida y llegada que se aconseje; las causas de cansancio se podrían negociar para otro día o un poco más tarde; la existencia de un problema que nos embarga, deudas, enfermedad, hijos, colegio, universidad, falta de un deseo, etc.

Es de madurez el llamar al diálogo de pareja, usar comprensión de ambos lados, la empatía, la paciencia. El NO tajante es destructivo y constructor de muros. Aconsejando esto, mandamos individualidades a pelear derechos, y no a negociadores que pretendan construir sus propias familias con su pareja.

Si lo que se pretende es construir una sociedad, nos vale recordar a Ingnacio Larrañaga que decía: “Después de todo he comprendido que el árbol tiene de florido, vive, de lo que tiene de sepultado”. Y lo sepultado es la raíz, la familia, que solidifica al ser humano. Decía Jorge Luis Borge en uno de sus poemas: “He cometido el peor de todos los pecados, no fui feliz”. Hacer una familia da felicidad y no es tarea fácil; y actuando así, solo ayuda a destruirlas.

 

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