Hernán E. Barrios Carrillo*
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“La tecnología no solo es útil, sino necesaria”.
Es dañina si se convierte en obsesión.
Enrique Novelli, psicoanalista.

No nos ocupáramos de este tema si el mismo no fuera causa de pérdidas en la productividad laboral, atrasos en el quehacer doméstico, baja autoestima de la persona usuaria, y negativas consecuencias en las relaciones de pareja. Todo dentro de un mismo aparato, el celular; donde se produce la llamada, el mensaje y el (selfie) autorretrato.
Ahora es común ver en muchas  oficinas públicas y en algunas privadas, como en el cubículo y a veces en oficinas bien confortables donde él o ella atienden al  público o al cliente, fotos (selfie) autorretratos que dicha persona se tomó en sesiones que pueden tomar hasta horas para  lograr la foto de su gusto y preferencia. Esta acción no solo la hace en casa sino también en el trabajo, y exhibe su foto no solo en el celular sino también en la oficina como si se tratara de la Mona Lisa o de Adonis, es más en algunos casos se atreve a preguntar, ¿“Cómo me veo”? (Narcisismo adolescente).

En ciertos casos en los que por lo general andamos apurados, tenemos que esperar, que él o la recepcionista y en algunos casos, l@s ejecutiv@s, terminen su mensaje para que nos atienda. Hay que reconocer que las instituciones y empresas responsables han prohibido a sus trabajadores el uso del celular y retienen estos a la entrada para entregarlo a la salida del trabajo. No obstante el adicto se las ingenia usando el internet que para el trabajo le proporciona la empresa.

Todos los extremos son malos, al menos así lo marca el aforismo popular. Primero hablemos de la “nomofobia”, estado ansioso o miedo terrible a quedarse sin el celular. En segundo lugar de los usuarios selfies: narcisista a ultranza. Esto no sería censurable si no se abusara de tales acciones y no produjeran los resultados negativos que ya crean estadísticas preocupantes en todo el mundo y millones de dólares en pérdidas en la productividad.

La empresa Digital Lab indica que 82.5% de las mujeres y 69.8% de los hombres sufren algunos síntomas de estrés y ansiedad cuando por algún motivo no pueden conectarse  a la red desde su celular o bien porque este se les olvidó.

Otros estudios, indican que esta dependencia es como una droga, porque quien lo padece siente que no puede estar sin su celular lo que le ocasiona estar más acelerado, malhumorado o falto de atención, todo por no estar comunicado.  

Él o la persona adicta al celular, presenta a ratos un comportamiento perturbador, que afecta su relación laboral, su entorno familiar y afectivo; no escucha observaciones  y es capaz de romper con todo a cambio de obtener el aparato de su adicción, o sea su celular, sin importarle a quién le va a causar daño.

El psicoanalista Enrique Novelli, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), sostiene que la tecnología no solo es útil, sino necesaria, pero advierte:

“Es dañina si se convierte en una obsesión”.  “Si el celular falta, el individuo se angustia. Indicio de la presencia de un determinado peligro: si no tengo celular, me quedo aislado del mundo. Esto provoca un estado de desamparo. Pero basta que alguien me mande un mensaje para sentirme contenido. El contacto, aunque sea virtual, me alivia”.

Cada minuto, millones de selfies en sus más usuales expresiones suben a las redes

1.    El helfie, que es una imagen de nuestro propio cabello.
2.     El belfie, que es una foto cuya intención es mostrar nuestro trasero.
3.    El drelfie, que es una fotografía nuestra en estado de ebriedad.
4.    El usie o groufie, donde la autofoto está integrada por varias personas.

Lo preocupante es que la adicción a los “selfies” ha sido oficialmente reconocida por los científicos de la Asociación Americana de Psiquiatría como un trastorno mental. Al mismo tiempo subrayan que actualmente no hay tratamiento para este tipo de trastorno.

Según los psiquiatras, el “selfie” se define como un trastorno obsesivo compulsivo caracterizado por un constante deseo de fotografiarse a sí mismo y compartir fotos en las redes sociales para compensar la falta de autoestima y para llenar un vacío en la intimidad.

Al encender su celular, él o ella, lo primero que se ve es su imagen retocada, y hasta con aplicaciones que la hacen ficticia. ¿Es o no es entonces un trastorno mental que se lleva hasta las oficinas de trabajo y entorpece la productividad laboral?

* Periodista y abogado.

 

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