Carlos Andrés Pastrán Morales
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La historia de la vida humana no solo se caracteriza por los grandes avances tecnológicos, por colonizaciones, por descubrimientos, por inventos, por grandes líderes, sino también quedó marcada con cicatriz de tantas luchas y guerras por el poder del territorio, por ambición y por riquezas. Nos lo enseña la historia documentada.

La guerra ha llevado al ser humano al punto de su transformación, donde los valores morales ya no existen, donde la misma raza es el enemigo, donde el puño y el oro son poder. A la guerra le lleva años llegar a su fin, o puede tardar días, pero es el mismo significado, se sufren las mismas consecuencias, siempre es la misma muerte, la misma pérdida. 

Más allá de lo que sea la guerra, puede empezar por distintos motivos, ya sea por disputas sin importancia o por territorios, por poder, por dinero o, uno de los más significativos motivos, por una revolución. Una revolución que por más cruel que sea, al final puede provocar alivio y prosperidad a la gente, al pueblo, al país, como lo fue la Revolución Francesa. Con que se puede decir que las guerras son malas, mueren demasiadas personas, provocan destrucción y cambian al individuo, pero a veces la causa por la cual se inicia es buena, porque es necesaria cuando no hay otra manera de acabar una conspiración o una dictadura.

Siendo así, estas guerras han cambiado a nuestro país, han acabado con los sueños de cómo veíamos progresar a Nicaragua, de cómo alcanzaba un futuro que no estaba lejano en esos entonces, pero siempre hay un problema. 

Leyendo a varios autores nacionales, a veces guerras como la de los liberales y los conservadores, toda esa época de anarquía que vivían los pueblos más importantes, todas esas amenazas, toda esa sangre derramada, que por un movimiento de desesperación provocó algo aún peor que dio paso a la llamada guerra nacional, donde se destacaron grandes personajes revolucionarios en busca de victoria, pero que también hizo que nuestro país viviera aterrorizado y con miedo.

Pero a veces no solamente son guerras las que atrasan el desarrollo de un país, sino desastres naturales, como en el caso del terremoto del 72, Nicaragua de nuevo caía en escombros y explosiones, donde un lugar casi próspero se volvió más pobre, pero a causa de la madre naturaleza.

Entonces, las guerras son un claro ejemplo de malentendidos, que lleva a otros conflictos con las ansias de querer más, de apoderarse de más, y por el intento de detención de este factor es que se producen estas graves consecuencias que a lo largo de los años perduran en las memorias de la gente que vivió, vio y sintió lo que es la lucha, lo que es vivir sin esperanza, cuando ya casi todo está perdido. 

Otras naciones, otros países actuales luchan por riquezas, por petróleo, con espías, también guerras virtuales, que vemos en las noticias y agradecemos que no somos nosotros los involucrados, y solo nos quedamos pensando en que la guerra nunca cambia.

Ojalá en Nicaragua nunca vuelva la guerra, por ningún motivo y que la sensatez y el amor por el país prevalezca, aunque hayan diferencias entre nosotros, la paz debe ser primero. 

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