José Pascual Ortells Chabrera
  •   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Darío envió desde Madrid su segunda crónica a La Nación, narrando que en Barcelona había visitado Els Quatre Gats, donde preguntó por Rusiñol, y por Pompeyo Gener –un periodista que conoció a Víctor Hugo-.  

“Me dijeron que podía ir a encontrar a Rusiñol en el café de los Quatre Gats. Allá fui. En una estrecha calle se advierte la curiosa arquitectura de la entrada de este rincón artístico”. 

Darío comparó Els Quatre Gats con Le Chat Noir, si bien aclaró que las personalidades de los dueños eran diferentes. Pere Romeu era “amable”, aunque reservado, “un Salís silencioso”; mientras que el Salís de Le Chat Noir era locuaz y saludaba con frases comprometedoras, cosa que divertía a su selecta clientela parisina. Por otra parte París era la “capital del siglo XIX”, como la llamaría Walter Benjamin. El mismo Darío diría en otra crónica: “Como somos fáciles para el viaje y podemos viajar, París nos quita el dinero encantadoramente”. De modo que comparar un local de cualquier ciudad con otro de París, significaba para Darío dar la mejor referencia posible. Todo esto es coherente con la reseña que hizo nuestro cronista de la sesión de títeres a la que asistió:

“Los títeres son algo así como los que en un tiempo atrajeron la curiosidad de París con misterios de Bouchor, piecesitas de Richepin, y de otros. Para semejantes actores de madera compuso Maeterlinck sus más hermosos dramas de profundidad y de ensueño”.

Aunque con diferentes nombres (guiñol, marioneta, polichinela, cristobita) y diversas modalidades, podemos distinguir en los títeres dos técnicas básicas: el que es manipulado desde abajo y el títere movido desde arriba con hilos. Antes de revelar que se trataba de “actores de madera”, Darío hizo referencia a dos autores franceses. Del primero, Bouchor, quien construía sus propios títeres, dijo que era “espiritual y místico”. Al segundo, Richepin, lo definió en Los Raros como un artista “voluntariamente encanallado”. Por tanto en los teatrillos se representaban los dos polos: las historietas moralizantes o “misterios” y las bufonadas blasfemas, propias de quien hizo una “apología del Bajísimo”. Pero, además, Darío señaló una tercera dimensión, la del simbolismo atormentado, representado por Maeterlinck, autor clave del teatro europeo con obras como La Intrusa (Muerte), estrenada en España en 1892 con motivo de la segunda Fiesta Modernista de Sitges. 

Los títeres de Els Quatre Gats estaban en la línea de Richepin, con un personaje al que “le llovía palos, como en  Molière” y una historia en que “la milicia no estaba muy bien tratada”. Los títeres hablan “naturalmente” en catalán y “no están mal manejados”. Los decorados son “verdaderos cuadritos”. Con todo el respeto a las niñas y niños y a su inteligencia, debo decir que estos títeres no iban dirigidos a un público infantil; allí había “artistas” y “jóvenes melenudos”, bebiendo cerveza, mientras “resaltaba la nota graciosa de varias señoritas, intelectuales” -según le informaron-. 

Siguiendo la tradición que se remonta a Cervantes, los “actores de madera” se convertirían en España en una de las “más puras formas del teatro”, como dijo Rafael Alberti. En vida de Darío, su amigo Valle-Inclán, quien también tradujo La Intrusa de Maeterlinck, escribió obras para marionetas; así como Federico García Lorca, años más tarde. El compositor Manuel de Falla estrenó en 1923 el Retablo de maese Pedro, una ópera corta inspirada en un episodio del Quijote. Durante la Guerra Civil Rafael Alberti escribió libretos para el guiñol de Octubre.

La reseña sobre los títeres refleja el concepto integral que Darío tenía del modernismo y la atención que prestaba a todas sus expresiones, ya que -con sustos, risas y palos, suspense y fantasía- los “actores de madera” hacían arte. Rubén concluyó su reseña y su crónica -sobre la Barcelona industrial y moderna-, diciendo:

“Ese cabaret es una de las muestras del estado intelectual de la capital catalana… Desde luego, sé ya que en Madrid me encontraré en otra atmósfera, que si aquí existe un afrancesamiento que denota, ello ha entrado por una ventana abierta a la luz universal, lo cual sin duda alguna, vale más que encerrarse entre cuatro muros y vivir del olor de cosas viejas”.    

Rubenia, 23/01/2016

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus