Esteban Solís R.
  •   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Sectores de oposición en Nicaragua padecen  una especie  de trauma y hasta obsesión por la observación electoral internacional como si de la presencia de personas invitadas al frente de determinadas instituciones a acompañar un proceso de esta naturaleza, depende el triunfo de quienes pretenden alcanzar el poder por la vía del sufragio universal, libre y directo. 

Meses antes de los comicios legislativos el 6 de diciembre de 2015 en Venezuela, la oposición exigió a gritos la presencia de acompañantes electorales de la Organización de Estados Americanos (OEA), de la Unión Europea (UE) y de otras instancias “calificadas”, según ella, para certificar que la jornada electoral se desempeñaría sin trucos que pudiesen alterar los números obtenidos en las urnas.

La autoridad electoral, que también fue denostada, injuriada y denigrada por estos líderes de oposición venezolanos, dijo en más de una ocasión que ciertos organismos de observación que ellos demandaban, no tenían calidad moral y política para acompañar al pueblo a ejercer su derecho al voto porque se habían parcializado y emitido opiniones que en su momento fueron  rechazadas  y denunciadas por  injerencistas. 

Incluso, le otorgaron el beneficio de la duda a la presencia de una misión de la Unasur. Sobre esta entidad, hubo editoriales firmados desde el extranjero y concretamente desde España, insolentes y groseros, que tildaron a esta unión de naciones del sur de carecer de imparcialidad, trayectoria y capacidad técnica para organizar una observación electoral. Vaya conclusiones. Pretendían custodiar, ya ni siquiera observar, las elecciones con las instituciones que solamente ellos consideran fiables.    

Tomo el ejemplo de Venezuela porque grupos de oposición locales han manifestado que hay que reflejarse  en el espejo de la nación sudamericana y que la oposición de ese país es un ejemplo a seguir. Si esa es su estrategia, allá ellos.  

No tengo nada personal en contra de la observación o acompañamiento, como quiera que se le llame, considero que invitar a una institución u organización foránea a que observe o acompañe un proceso electoral, es una actitud civilizada, pero de aquí a que se convierta en una obsesión y una exigencia y además, las que yo quiero, porque si no es así, voy a denunciar que se prepara un fraude y que el árbitro electoral no garantiza mi voto, es un grave error político. 

El Secretario General de la OEA, excanciller Luis Almagro, llegó a afirmar que en Venezuela no había garantías de elecciones transparentes y justas e incluso, conminó a la Presidenta del Consejo Nacional Electoral (CNE) en una carta a corregir esas dificultades. 

Expresidentes, congresistas, políticos de distintas tendencias y un gigantesco aparato de prensa dentro y fuera de Venezuela, desprestigiaron al unísono al CNE que una a una rechazó con argumentos serios y contundentes las invectivas fabricadas para imponer a sus custodios electorales. La oposición ganó los comicios legislativos, las encuestas lo señalaban, sin embargo, el pueblo venezolano sigue esperando una rectificación, una disculpa a los miembros del CNE, de quienes desde sus posiciones lo atacaron sin misericordia. 

El desempeño de los magistrados electorales fue de altura. A los que día a día enfilaron sus cañones contra la institución electoral, no les quedó otra que tragarse en seco lo que antes habían regurgitado.

La Ley Electoral de Nicaragua, como ha reconocido el propio Magistrado Presidente, Roberto Rivas Reyes, está sujeta a modificaciones, es abierta y clara en cuanto a la participación de los partidos políticos en su composición, empezando por el Consejo Supremo Electoral, los Consejos Electorales Departamentales, Municipales y Regionales hasta las Juntas Receptoras de Votos y los Fiscales de los partidos. Se puede enriquecer, nadie está cerrado a ello, el problema es que se necesita de un ejército de fiscales para hacerle frente a una jornada electoral, la oposición en Venezuela dijo que lo tenía, el PSUV también y lo demostraron. 

Bien, en Nicaragua la oposición tiene que testimoniarlo. Esa es la verdadera observación, la que ejercen desde cada recinto, en cada Junta Receptora de Votos, los militantes y simpatizantes de cada formación política que va al juego por el poder, lo demás es un mito, una quimera.               

*Periodista

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus