Erick Aguirre
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Decía Rainer María Rilke al joven destinatario de sus célebres cartas, que una obra poética solo es buena si ha nacido bajo el impulso de una íntima necesidad, y que precisamente en ese modo de engendrarse radica el único criterio válido para juzgarla. No existe otro.

Para escribir poesía primero hay que liberarse de los “grandes motivos” y recurrir a esos que a diario nos ofrece nuestra propia vida. Valernos de las cosas que nos rodean, de las imágenes que pueblan nuestros sueños y de todo cuanto vive en nuestros recuerdos, para luego escribir. Pero escribirlo todo (y he aquí la grandeza en el consejo de Rilke) con “íntima, callada y humilde sinceridad”.

Intimidad, sencillez y sinceridad son elementos que se reconocen a primera vista en la poesía de dos escritores nicaragüenses que debutaron no hace mucho: Gabriel Moreno Salmerón (1978) y José López Vásquez (1986), cuya relativa juventud me hizo recordar los consejos de Rilke.

Los poemas con que debutó Salmerón están agrupados bajo el título No alcanza la vida (2007), un libro cuya engañosa simplicidad se nos muestra cargada de profundos cuestionamientos acerca del ser; nos transporta a dimensiones que están más allá del lenguaje cotidiano con que a veces anotamos las simples impresiones que dejan en nuestro ánimo la soledad y el hastío.

El sentimiento de orfandad ante el paso del tiempo, ante la frescura o longevidad de los recuerdos y la certidumbre de nuestra contundente fragilidad ante el mundo, se palpan en cada poema de este libro y nos muestran el perfil de un poeta mirándose y reconociéndose como un “animal amargo”, como un ser humano agobiado por las trampas de la memoria y la sensación de impotencia que nos provoca la conciencia de estar vivos.

Después de sumergirse en sí mismo y en su soledad, como lo aconseja Rilke, Moreno Salmerón encontrará seguramente mejores caminos. Que estos sean buenos, ricos y amplios es lo que yo le he augurado en su debut, esperando algo más de cuanto pudieran expresar mis palabras.

En tanto, los poemas –en verso y prosa– que diseñan la arquitectura de Infierno erótico (2012), de José López Vásquez (1986), revelan un desenfado descarnado que parece partir de la creencia, o más bien la firme convicción, de que lo único verdaderamente importante en la existencia del individuo –porque no permanece y resulta efímero– es el sexo.

El sexo ingente o el sexo simplemente satisfecho, o auto-satisfecho. Cualquier otro plano de la realidad percibida por el hablante –el Yo poético–, es intrascendente si no es parte del estado permanentemente sexual de su enunciación obsesiva.

Sádico y epicúreo en el estrictamente más seminal o radical de los sentidos, en este libro (mezcla de diario solipsista o monólogo de un masturbópata) su autor muestra un amplio dominio del oficio y de la cuidadosa elaboración poética, en combinación con un sentido natural del equilibrio entre la expresión prosaica y descarnada, con el “buen decir” de la “poesía culta”, o “cultista”. 

Lúdicamente podría decirse que su hablante poético es más bien un sexista obsesionado con su pene, con anos y fluidos vaginales, pero con un dominio casi pleno de las mejores formas de expresión poética, especialmente para enunciar, con la efectividad con que al cabo lo hace, los temas que lo obsesionan: sexo y literatura.

El joven autor de Infierno erórico ha confesado ya abiertamente la influencia, en la factura de estos poemas, del legendario poeta norteamericano Charles Bukowski. Y en efecto, “realista sucio” como Bukowski, José López Vásquez es sin embargo un poeta de factura limpia, con un riguroso y bien asimilado sentido de la arquitectura poética moderna. 

Es verdad que la fuerte influencia bukowskiana es algo que se ha vuelto común en muchos autores contemporáneos del continente; sin embargo, en Infierno erótico esa influencia logra dichosamente disolverse y resolverse en una  identidad particular y en un lenguaje particular: el propio lenguaje poético de Vásquez, que ya se visualiza como una voz singular en nuestra nueva poesía. 

Una voz y una poética que esperamos ver desenvolverse en futuros textos más diversos y no necesariamente restringidos únicamente al erotismo o al sexo.


* Escritor y periodista.

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