Alexander Reyes
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En estas postrimerías de la humanidad, cuando el eclecticismo ideológico prima, dedicarse  a pensar en los orígenes de una deidad resulta paradójico. Porque desde el punto de vista del pensamiento primitivo, la impugnada tópica del cristianismo ha vendido una convicción de fe por necesidades humanas, dándole a sus fieles seguidores la sugestión del concepto del “milagro”, pero lo que no sabe este seguidor es que este “milagro” pertenece al sistema de “ayuda” como un intercambio.

A esto subyace la idea de congregarse, de ir de la mano por este bien común alcanzado divinamente, pero profundizado en la enseñanza --ya raída-- del castigo divino, inventando el pecado para darse provecho de la debilidad de pensamiento.

A esto habría que añadir una pregunta: ¿cuándo fue que la emancipación de la Trinidad cobró rasgos humanos? Invocando los intercalados huesos por lo que se sostiene la religión, la cruz, solo fue el escenario más frivolizado de la historia. Sin embargo, el mayor bien de esta tragedia fue especificar la cura de muchos males: desde la peste hasta el sida. ¿Se supone que tras las máscaras de la salvación viene el cielo o que vivir en comunión con una divinidad da la vida eterna?

Antes que el fenómeno cristiano sentara sus bases, el ser humano buscó explicaciones a cosas desconocidas/conocidas, creando numerosas mitologías sobre el porqué de las cosas. Idea que se ha replanteado con el único objetivo de justificar las barbaries humanas. Gran parte de la conducta que esta conlleva varía poco o no se modifica para acomodarse a nuevas condiciones de sumisión. Además, todos los seres humanos siguen los mismos modelos de conducta, por ejemplo, durante la estación de la vigilia. La conducta de esta clase es instintiva y designa que la conducta también es innata y no se aprende ni se modifica por la experiencia.

Cuidado, la experiencia del sueño no la podemos cambiar a nuestro placer, pero cuando se trata de la experiencia divina, podríamos confundirla con el placebo, en sus hechos. En cierta medida, lo característico de la religión es demostrar existentes caracteres momificados o revestidos de una doble moral. Razón que ocupa con facilidad al engañar los sentimientos, estos, prospectos a lo blandido del corazón. Haciendo lo que le corresponde, un trago amargo de misericordia por parte de un Ser ficticio.

Es perecedero que lo que hoy se entiende como verdades absolutas sobre la existencia de Dios, sean solo almas de corta materia. Es decir, suponer que la doctrina del cristianismo esté fundada sobre una roca, da pautas secretas a encubrir el rol que hizo Jesús en la tierra. Ante un tribunal de justicia divina, los testigos deberíamos ser nosotros y no las víctimas.

¿Víctimas de qué? Del ultrajo por parte del cristianismo, del robo a perpetuidad del ser real, del sacrificio consumido del rostro humano, del guion de una mala obra de teatro y que ahora es una religión. Estas intuitivas conductas de las cuales en algún momento fuimos partícipes, tacharon para siempre "el camino" hacia el matadero, "la verdad" hacia al coloquio de reencarnación, "la vid" por una árbol genealógico de bendición. Y "nadie viene al Padre sino por mí", ese "mí" resultó ser liberal como todo el esclavismo dado al humano por parte de la religión.

*Escritor y poeta.

reyes.cerda@outlook.com

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