Milthon Enamorado*
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La seguridad en Honduras es algo preocupante para la población en general, pero aún más delicado para la Diversidad Sexual. En menos de un mes, iniciando el año 2016, se han registrado tres asesinatos vinculados con la comunidad LGTBI: un hombre heterosexual; empleado de una ‘discoteca de ambiente’, una chica lesbiana y una mujer trans.

El asesinato del hombre heterosexual, quien trabajaba en una de las mejores ‘discotecas de ambiente’ de Tegucigalpa, ocurrió el pasado nueve de enero, alrededor de las 9:30 p.m. El hombre, quien trabajaba como “bouncer” o guardia de seguridad en la discoteca, fue acribillado en la entrada. Unos 25 disparos, según reporte de los periódicos, recibió esa noche en su cuerpo.

El hecho provocó el ‘auto secuestro’ de las personas que estaban en el establecimiento, pues el cuerpo ensangrentado obstruía la salida del local. Fue hasta que llegaron los oficiales de policía que pudieron abandonar el local que en ese momento representaba un riesgo. ¿Por qué es relevante este hecho?

Si bien es cierto, la víctima no pertenecía a la comunidad LGBTI, resguardaba la seguridad de un espacio exclusivo LGBTI. Este acto fue un mensaje de advertencia para la comunidad LGBTI, pero además evidencia que no estamos seguros. No importa que tan exclusivo sea el lugar, siempre estamos expuestos al peligro. Y aunque la policía aún no ha revelado los motivos del asesinato, la dueña de la discoteca, una mujer lesbiana, cerró el negocio. Ella y los empleados, perdieron su sustento. Y la diversidad sexual, perdió otro espacio libre de discriminación.

El asesinato de la chica lesbiana, fue en su casa. Ella fue llevada de emergencia al hospital, pues tenía una bala en el abdomen. En la sala de emergencias, falleció. En los medios no se consideró que era una chica lesbiana. En Honduras, la comunidad lésbica está invisibilizada, por ello no reportaron que pertenecía a la diversidad sexual. Las personas que pertenecen a organizaciones LGTBI pudieron reconocerla.

Ella formaba parte de estos colectivos. Aún no se ha esclarecido las causas de este acto de violencia, pero algo nos queda muy claro: no estamos seguros ni en nuestras propias casas.

El asesinato de la mujer trans, se registró el pasado 24 de enero. Ella, una lideresa y activista trans, fue encontrada muerta frente a su casa. Unos cinco meses antes ya lo habían intentado. En esa ocasión el ataque fue entrando a las oficinas de la organización Arcoiris. No se conocen los detalles del asesinato. Las mujeres trans, en comparación con otros miembros de la diversidad sexual, son más visibles, por lo tanto, en los espacios públicos están mayormente expuestas a burlas, malos tratos y actos vandálicos. La ignorancia, homofobia y falta de oportunidades, obliga a las mujeres trans a ejercer el comercio sexual, para ‘sobrevivir’ económicamente en medio de lo que las pone en riesgo.

Es un hecho que en Honduras no hay seguridad para las personas LGBTI. Hemos sido amedrentados en un espacio que considerábamos seguro. Hemos sido asesinados en la puerta de nuestras casas. Han asesinado a quienes luchan por la defensa de nuestros derechos, todo por el simple hecho de tener una identidad de género y orientación sexual diferente a la normativa heterosexual. Frente al Estado, la exigencia es el cese de asesinatos, la investigación y castigo de los culpables. No más impunidad. No más crímenes de odio. No más crímenes contra la Diversidad Sexual.

*El autor es Coordinador del proyecto Centroamérica Diferente en Honduras.

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