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Las dos últimas navidades Rubén Darío las pasó en Nueva York (1914) y Managua (1915). La primera, angustiado por el desempleo, las dificultades económicas y el estallido de la Guerra Mundial, en el terrible frío neoyorquino, con afectación pulmonar y separado recientemente de Francisca Sánchez y “Güicho” quienes quedaron en Barcelona. La segunda, con la enfermedad que lo llevó irreversiblemente a la muerte, acompañado de la esposa, su pasión de adolescente que lo comprometió en un matrimonio forzado y cuyos lazos le fue imposible disolver. En esa ocasión  recordó con nostalgia los sabores, olores y melodías de diciembre que siempre, a pesar de su decadencia física y emocional, le agradaron.

El libro “Último año de Rubén Darío” (690 páginas; disponible al público a partir de enero de 2016) recoge, a partir de las publicaciones de Guatemala, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica, lo que se dijo del destacado poeta y prosista centroamericano en los últimos meses de su vida, desde su estadía en Nueva York hasta su retorno a la patria natal, el lugar del principio. Será un modesto homenaje al centenario de su muerte (1916-2016) y los ciento cincuenta años de nacimiento (1857-2017) del poeta que une Centroamérica.

El 30 de enero de 1915, el Diario de Centro-América en Guatemala publicó: A propósito del día de los Santos Reyes Magos el gran poeta RUBÉN DARÍO que está en Nueva York escribió LA QUEJA DEL ESTABLO. Este cuento en verso, en donde los animales se quejan y dialogan, también fue publicado posteriormente en el Diario del Salvador y El Diario Nicaragüense. El poeta está enfermo y triste, los animales se lamentan de su destino terrenal y son consolados por los ángeles, quienes les descubren un secreto divino, ello expresa la angustia y la esperanza propia del autor a través de la conversación entre la mula y el buey. La última estrofa dice: ¡Oh, suaves almas! ¡oh, amables bestias! /aquí no encontraréis sino amargas molestias! / mas os voy a decir, a decir un secreto de Dios /que hondamente interesa solo a vosotros dos: / vosotros que en Belén fuisteis por Nuestra Luz / os juntaréis con quien compartiera su Cruz./ Y allá en el Sacro Empíreo donde os lleve el deseo /os llevará a pastar San Simón Cireneo…!

El Diario Nicaragüense publicó el artículo: Alegría en los pesebres, dice: “Aleluya! EL DIARIO NICARAGÜENSE trae la buena nueva, cantada por un profeta, por Rubén Darío, de que hay un cielo adecuado para las mulas y los bueyes; cielo bien empastado en donde nacerán a sus antojos, guiados por San Simón Cirineo. ¡Dichosas mulas y pobre San Simón!”

Darío apreció y tuvo nostalgia de la Navidad, ello lo trasladaba a los viejos recuerdos de su niñez en León.  La penúltima Gritería, Navidad y Fin de Año que pasó en Nicaragua fue en 1907.  En diciembre de 1915 estaba en Managua, en casa de su cuñado Andrés Murillo, junto a Rosario Murillo. Sobre ello se refiere una publicación de un periódico costarricense, La Época, el 18 enero de 1916, el día del cumpleaños 49 de Darío, con el título Croniquillas. La Noche Buena del Poeta enfermo. El relato cuenta: “La víspera de Noche Buena desde su lecho de enfermo, hizo recuerdos de sus alegrías pasadas en las grandes ciudades, de Europa y América… no olvidó hacer presente, que: no hay alegría más intensa como la alegría del alma española…” A su mente acudió un popular villancico español, Carrasclás, seguramente tarareó la melodía navideña. “Pero siempre, dice, en medio del bullicio y la alegría, no pudo olvidar en Noche Buena, el viejo y amado León; el acento de las antiguas palabras, y el clamor de las viejas torres.  Por eso para él la pasada Noche Buena, ha sido de las mejores: porque desde su lecho de enfermo en la Capital de la Tierra de Lagos, en su propia Patria, digámoslo con palabras ajenas: oyó con placer los cohetes de la medianoche; pasó revista para sus mejores emociones de antaño y al lado de los suyos, al calor del hogar, volvieron, en ronda, a visitarle los dulces sueños de la infancia…!”

 

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