Saúl Verde*
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Empieza por nuestras casas, se imparte por quienes saben y se enseña a quienes la necesitan. Es la educación; esa palabra llena de ímpetu cuando le mencionan, esa que muchos han recibido, pero que sin embargo, pocos parecen tener.

Y es que hablan en nombre de ella, la llevan de regalo a las conferencias internacionales, deciden cómo manejarla, quienes la deben impartir, más sin embargo no han aprendido lo consecuente que es hablar así en un país, donde la ignorancia, hace que las armas sean el remedio para cualquier problema.

A esto que llevamos de enero, el Gobierno de Nicaragua ha lanzado la nueva propuesta educativa para el año 2016; que una vez más, y con más de lo mismo, nos lleva a un contexto que parece ser anacrónico a la realidad que deberíamos vivir a pleno siglo XXI.

Dando una vuelta por el mapa mundial, nos encontramos con uno de los países que tienen uno de los mejores sistemas educativos a nivel internacional: Finlandia.

Finlandia también tiene un Gobierno de izquierda, al igual que nuestro país. La diferencia con países como Nicaragua, Venezuela o Cuba; son las inversiones. Por un lado, China, Finlandia, o Noruega, atraen inversiones para fortalecer el presupuesto, y por otro lado, Nicaragua, Venezuela y Cuba, las espantan.

Izquierda significa igualdad para todos. Bueno, aquí, no parece ser así. Hay prioridades y hay que reconocerlo. En Finlandia, por ejemplo, existe igualdad en educación; esto significa, las mismas oportunidades de acceso a educación para todos. Sin importar la edad, residencia, situación económica-social, sexo o lengua materna. La enseñanza, la atención social y sanitaria al alumno, al igual que los libros, la comida y el transporte, son gratuitos.

El índice de oportunidades humanas del banco mundial, refiere a la lista de los países latinoamericanos con acceso de la niñez a condiciones básicas como educación, agua, saneamiento y vivienda. Pues en este mismo índice, Nicaragua ocupa el lugar número 17, tan solo por encima de honduras, quedando así con el segundo país de América Latina con el peor acceso a oportunidades básicas.

Vamos a otro punto. Yo le llamo: “El privilegio de la minoría lingüística”. Es decir, si aquí las personas quieren educación bilingüe, tienen que pagar educación privada. Los currículos de las escuelas públicas no cubren tal interés. En Finlandia es distinto; las instituciones privadas son casi fantasmas, y están bajo supervisión pública: siguen las pautas confirmadas por la Dirección Finlandesa de educación Nacional.

Así mismo, las entidades proveedoras de servicios, ubicadas en las seis provincias, determinan el grado de autonomía que se le concede a las escuelas. El Estado financia a todas las universidades, y estas gozan de total autonomía. Libertad de cátedra. ¿Cuándo fue la última vez que vimos protestar a los alumnos finlandeses por libertad de expresión?

El caso de Nicaragua es penoso. Maestros destituidos de sus puestos, alumnos censurados, buses quemándose y educación politizada en las instituciones públicas. Ni hablar de las privadas, donde predominan los intereses administrativos.

En países como Finlandia, los niños comienzan a estudiar a los siete años, en casos excepcionales repiten cursos, pues los itinerarios que promueve el sistema educativo, hacen que el alumno que se quede atrás, avance hasta el nivel requerido. Como resultado, son los finlandeses quienes tienen los mayores resultados en materias básicas. Todo por una inversión de poco menos del 7% del PIB del Gobierno a la educación.

En Nicaragua, como en muchos países latinoamericanos, el número de repitentes anuales es incesable. Cada año, en Nicaragua hay un promedio de repitentes de 8.8%.

La propuesta es simple. No podemos copiar del todo el sistema finlandés. Nosotros apenas invertimos un 4% del PIB a la educación. Pero podríamos ahorrar más si no contáramos el dinero que se da a los alumnos repitentes. Se invierten 189.8 dólares por cada alumno en primaria y 122.2 por cada uno en secundaria. Si estos repiten, la inversión se pierde.

Podemos aumentar el número de docentes y dejar de hacer que hagan más turnos y más materias. Les podemos pagar más y no ganarían la mitad de lo que vale la canasta básica. La educación comienza desde el docente. En Finlandia, el amor a la educación es tan grande que la demanda por ser profesor es inmensa, en las facultades se admiten menos del 10% de los aspirantes anuales. Porque ser profesor no es una opción, es un privilegio.

Aquí el educador no ha fracasado. Lo que ha fracasado, son sus principios.

*El autor es estudiante de Comunicación y Diseño de la Universidad Americana y escritor..

 

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