Adolfo Miranda Sáenz
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Para hacer política con éxito se usan herramientas científicas para diseñar buenas estrategias. Herramientas tales como discusiones focales, análisis de marketing o encuestas, diseñando campañas con visión realista, con los pies en la tierra, practicando la realpolitik a partir de conocer bien el pensamiento de los ciudadanos. Pero en Nicaragua los políticos de oposición cometieron el error de menospreciar  estas herramientas y hacer cosas contraproducentes,
ignorando lo que las encuestas revelan. La última encuesta de M&R muestra un abismo entre lo que dicen y hacen los partidos opositores y lo que piensan la mayoría de ciudadanos. Aunque los partidos tuviesen razón en sus planteamientos y la mayoría de los ciudadanos estuvieran equivocados (que no es el caso analizar ahora), obviamente la estrategia (si es que hay alguna) ha sido equivocada. La estrepitosa baja de simpatizantes tiene otras causas más allá de las divisiones entre liberales.

El principal discurso o bandera de los partidos opositores es que “el gobierno sandinista es una dictadura antidemocrática”. Pero el 52% del 8% que dice simpatizar con estos partidos, y el 87% del 37.6% de independientes (que no tienen simpatía por ningún partido en particular), consideran que en Nicaragua hay democracia, libertad de expresión, de movilización política y de votar sin presiones. El 68% del total de ciudadanos considera que la democracia se ha fortalecido en los últimos cinco años y 82.4% se siente satisfecho con ella.

La oposición dice que la situación económica empeora, pero el 46.9% de la gente dice que comparada con la de hace un año su situación es igual y 38.4% asegura que es mejor. Solo el 14.4% dice que ha empeorado. Los partidos opositores manejan una crítica constante contra los programas sociales del gobierno, pero 44.5% de la población dice haberse beneficiado de ellos. Entre los beneficiados el 58% no son simpatizantes del Frente Sandinista, sino de los partidos de oposición o independientes. Los partidos rechazan el diálogo y la negociación demonizando la palabra “pacto”, apostando a la confrontación; en cambio el 85% del pueblo les demanda contribuir con la estabilidad, dialogar y negociar con el gobierno.

Los políticos opositores critican al empresariado y al Cosep por dialogar y negociar con el gobierno y llaman a los empresarios “colaboracionistas y pactistas que velan por sus intereses y no por el país”, mientras el 80.4% de los ciudadanos los considera la principal base del desarrollo económico, el 82% ve con agrado el diálogo Gobierno-Empresarios, el 62.2% ve en ese diálogo la posibilidad de facilitar la creación de empleos y el 54.7% considera que el propósito del mismo es alcanzar el bienestar de la población y la prosperidad del país. Hay muchos otros indicadores de que el discurso de los partidos de oposición va por un lado y el pensamiento de la gente va por otro. Por ejemplo, la mayoría confía en la policía y el ejército; o sea, lo contrario al discurso opositor.

Ingenuamente algunos no creen en las encuestas, menos en que Daniel Ortega tenga una simpatía del 71%. Aseguran que la mayoría piensa como ellos porque lo escuchan de personas de su propio entorno o se guían por lo que publica un diario opositor que llega a un reducido segmento de la población. Si la “estrategia” de los partidos continúa siendo “cantarle complacencias” a los pocos convencidos opositores, la oposición seguirá reducida a la pequeña minoría ficticiamente abultada por ciertos medios. Algunos viven todavía en los 80, pero 25 años después muchas cosas cambiaron y hay que ser realistas: practicar la realpolitik actuando en política como los empresarios en lo económico.

* Abogado, periodista y escritor.
www.adolfomirandasaenz.blogspot.com

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