Jorge Isaac Bautista Lara
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En Betania de Camani, municipio Manapiare, estado de Amazona; vive la comunidad indígena de los huottoja. Sobre ellos se han filmado reportajes que graban su estilo de vida. En uno de esos momentos filmados, los cazadores solo habían logrado traer un ave, algo que solía pasar. Se la entregaron a la matriarca, ella la preparó, y mientras los entrevistaron, ella dijo: “Vivimos como nuestros abuelos… compartimos para todos. Aunque sea un pedacito, nadie se quedará sin comer… mis abuelos compartían, así nosotros continuamos la tradición… todavía vivimos como antes… de esta forma vivimos en estas tierras… seguimos comiendo juntos… y seguimos siendo huottojas”. Ellos comen con las manos, sin cucharas ni tenedores, viven en chozas familiares, no ocupan calzados; las mujeres andan el pecho libre, al viento; sin riesgos ni temores. Los hombres salen de cacería antes que despunte el sol; lo que consiguen se lo entregan a las mujeres, ellas preparan la comida, luego el patriarca reparte en proporciones justas a cada miembro de la familia. Nadie debe quedar sin comer, esa es la regla que los rige. Tratan de no mezclarse ni dejar entrar a los criollos y blancos; con ellos muchos saberes se pierden.

Hace unas semanas en Managua, en las afueras de una peluquería, al mediodía,  estaban tres personas atentas a la espera; hasta que alguien salió y depositó en la basura las sobras del almuerzo. Se abalanzaron sobre el depósito y extrajeron de los cestos lo que encontraron de comer, quitando meticulosamente los trozos de cabello que se habían pegado en la comida. Limpiaban y daban los bocados: ¿Usted lo haría?

Es bueno preguntarnos, ¿cuánto comeremos hoy? Estando en la mesa de casa; en la comidería, en el restaurante o negocio de comida rápida. Tienes comida en casa y comes, tienes dinero para comprar y comes fuera. Pero, de lo que te sirven ¿te comerás todo? Y de repente la juegas con los cubiertos de un lado para otro, y alborotas todos los ingredientes del plato que te han servido. De principios sabes si te alcanzará lo que te sirven. Lo justo es satisfacer tu apetito en una cantidad suficiente; y si eso es así y lo sabes, ¿por qué juegas lo que resta; lo que no te comerás?

¡Eso ya no te pertenece! Al final dejarás comida, eso lo sabes, y lo botarán. No lo juegues, empácalo y dáselo a la persona que está afuera. Lo necesita mucho. De manera que no desperdicies la comida.

¿Cuánto te comerás? Mídete por favor.  Haz el cálculo, no se nos dice cuánto. Si hoy comes todo, no hay problema, será en otro momento. Pero si no es así, respeta; no es tuyo. Y a veces no tiene que ser una persona desconocida a quien se lo entregues. Muchas veces es nuestro mismo hermano, pariente, nuestros propios padres los que no tienen que llevar un bocado al estómago ese día. Están mucho más cerca de lo que pensamos. Esa comida sobrante de la fiesta, guárdala de manera decorosa y garantiza que llegue a su verdadero destinatario. Es de tu prójimo, es pecado que la juegues, más aún botarla. Es de otro ser que hará lo mismo que hizo el de la barbería, y esculcará entre la basura. Empácalo o pide un empaque. Y con el respeto que merece la comida ajena, entrégalo a alguien que de verdad lo necesita. No es necesario que te lo pidan, tomemos la iniciativa.

No demos, por favor, sobras. Entregar una comida es darla con la dignidad que se da a un ser humano. A una persona. Con la ceremonia, como a ti te gustaría que te lo entregaran si te tocase estar fuera y no tener con qué, ni en qué comer. Es muy duro a quien le está tocando vivirlo.

¿Sabes lo que es el hambre? No humilles. No hagamos gala de la ignorancia  de esta modernidad. Rescatemos el sentido de humanidad que nos queda.

Y es que al compartir un plato de comida, puedes marcar con ello la diferencia con otros. Esto hace recordar una frase: “Lo que tenemos en la vida nos ayuda a vivir, pero lo que damos a las otras personas puede cambiar la vida de otros“.

Al momento de entregar esa comida, ten presente que no hemos de humillar. Recuerda esta frase: “Nunca se debe ver para abajo a otros, a no ser que le estés ayudando a ponerse en pie”. Aprendamos con humildad las lecciones de la tribu huottoja. Trabajemos para recuperar algún día la fe en la humanidad que hemos ido perdiendo de nuestros antepasados.

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