Jorge Eduardo Arellano
  •   Managua, Nicaragua.  |
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Con presentación de Raúl Amador Torres y prólogo de Sergio Ramírez Mercado, fue editada por Invercasa la más reciente obra de Jaime Íncer Barquero, nuestro más relevante científico. Titulada Nicaragua / Un anecdotario de memorias y vivencias, contiene 120 textos iniciados con el artículo sobre la incidencia en la cultura popular del Almanaque Pintoresco de Bristol para cerrar con broche de oro: una extensa crónica, plena de elementos poemáticos, del viaje figurado que Rubén Darío recién nacido hizo con sus familiares desde Metapa a León.

Diversas ciencias se entrelazan en estas páginas amenas, generalmente descriptivas: la geografía y la historia, la etnología, la astronomía y, sobre todo, la ecología. Presenta también —anota Amador Torres— “una riqueza de ilustraciones, desde grabados inéditos de viajeros de siglos pasados, hasta imágenes más recientes capturadas en diferentes viajes por el país, todo lo cual suma interés y mayor disfrute de su lectura”. 

Por su parte, Ramírez Mercado admira en el autor “a un sabio de nuestros días. Todos los campos del conocimiento caben en sus estudios y en sus reflexiones, como un verdadero renacentista del siglo XV, o como un ilustrado del XVIII, el siglo de las luces”. Así Jaime Íncer Barquero despliega sus observaciones naturalistas y costumbristas, derivadas de sus variadas aficiones y saberes aprendidos durante su formación científica y al recorrer Nicaragua en toda su extensión.

Estamos, pues, ante un explorador nato e incansable que ama tanto a su país porque lo conoce a fondo; ante un profundo admirador y legítimo heredero del gran cronista de la Nicaragua del siglo XVI, Gonzalo Fernández de Oviedo; y de los notables geógrafos, científicos y viajeros del XIX, como el francés Pablo Levy, los ingleses Bedford Pim y Thomas Belt, y los norteamericanos John L. Stephens, Ephraim George Squier y Robert E. Peary, quien alcanzó el Polo Norte el 6 de abril de 1909, y en 1887 y 1888 había delimitado la proyectada ruta del canal al sur de Nicaragua. Igualmente, Jaime demuestra ser discípulo del zoólogo inglés Marvin Palmer y del etnógrafo luxemburgués Edouard Conzemius, autor del más completo estudio sobre los indios sumos y miskitos de Nicaragua y Honduras.

En breves artículos condensados, escritos y difundidos en 1995 y 1996, Íncer Barquero aborda variados temas interesantes para todo aquel que aspire a indagar en la naturaleza del país desde su prehistoria hasta nuestros días. En esa dirección, cabe referir su preocupación por los terremotos y las erupciones volcánicas, como la magna del Cosigüina en 1835, las del Momotombo de perfecto cono, las del Cerro Negro y la del cráter Santiago del volcán Masaya; pero se deja seducir por el apagado Mombacho y su jardín entre las nubes.

Los hechos y fenómenos históricos, al mismo tiempo, están presentes en su obra, entre ellos el recorrido de Colón por la Costa Caribe en 1502, la incidencia de Andrés de Garavito en las tierras de Boaco y como custodio de fray Francisco de Bobadilla en la inicial cristianización de Nicaragua, la piratería del siglo XVII, la vida y trágico fin del cacique Yarrince en el XVIII, etcétera. Además, puntualiza sobre las toponimias indígenas, los errores frecuentes en nuestros mapas, el origen de los nombres de los municipios, las primeras descripciones de Managua, evolución y despreciado entorno, por citar algunos temas. 

Otros son de índole astronómica, como el paso del cometa Halley y la falsa “aurora boreal” admirada en Masaya el 6 de noviembre de 1833; o conservacionista, como el de las tortugas paslamas de Chacocente y las verdes del Caribe. No faltan precisas descripciones de árboles como la ceiba, aves como el guardabarranco y flores como el sacuanjoche; de ríos como el San Juan, el Grande de Matagalpa, y el Coco, al igual que de las islas del Gran Lago; reconocimientos a colegas nacionales como Jaime Villa, extranjeros arraigados en el país como los jesuitas españoles Bernardo Ponsol e Ignacio Astorqui, o enamorados del mismo como Archie Carr y Bernard Nietschmann, el uplika (amigo) de los miskitos.

Tampoco faltan temas actuales en los que denuncia la depredación del bosque en la reserva natural de Bosawás, y consigna la “chontaleñización” pecuaria de la Costa Caribe. En fin, resulta imposible enumerar todos los temas contenidos en esta obra enriquecedora de conocimientos y gestora de amor patrio que la juventud, sobre todo, debería leer con fervor. Felicitamos a Invercasa por esta iniciativa.

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