Editorial
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El país gana en tanto aumenta su población con educación, pero los beneficios para la sociedad son mayores si los graduados adquieren en cada etapa una formación de alta calidad. Al inaugurarse hoy el año escolar, los estudiantes empiezan un proceso de diez meses con una meta inmediata: aprobar y escalar. Lo ideal es aprobar con las mejores notas, para que el ascenso en la vida sea más fructífero.

Para cada niño, adolescente o joven, con posibilidades de ir a la escuela, esta debería ser la meta más importante del año porque al final del período educativo verán las ganancias, tanto en lo individual como en lo familiar. Está comprobado que lo más efectivo para romper el círculo de la pobreza en la familia, es la educación.

Para Nicaragua, dos retos: Primero, elevar la cantidad de estudiantes, sobre todo en los niveles de preescolar y primaria; y segundo, mejorar la enseñanza con énfasis en lenguaje, matemáticas e inglés como segundo idioma, hasta alcanzar estándares de países latinoamericanos que hoy son más competitivos, no solo por la cantidad de profesionales que gradúan, sino por los tipos de carreras en que más los gradúan; las ingenierías, por ejemplo.

Los exámenes de admisión en universidades públicas han sido en los últimos años calificadores inequívocos de los conocimientos adquiridos por egresados de la secundaria. Por ejemplo, en la Nacional Autónoma (UNAN) solo 47% de los aspirantes de primer ingreso pasaron la prueba, y en la de Ingeniería (UNI) apenas 10% aprobó el test de matemáticas.

Nos parece un avance que este año el Ministerio de Educación instaure la Primaria a Distancia en el Campo en la modalidad sabatina, para garantizar la enseñanza a menores con entre 9 y 16 años en zonas rurales. Es una opción para educar a niños que han abandonado la escuela o no han podido ingresar, por lo general debido a que ayudan a sus padres en labores agrícolas. Según la información oficial, el Mined también ejecutará este año un plan nacional para capacitar a casi 4 mil docentes, con el fin de mejorar la calidad de la educación. Son iniciativas oportunas y esperamos den los mejores resultados.

Mejorar la educación requiere un esfuerzo cotidiano. En el hogar, los padres de familia con la misión de guiar y apoyar a sus hijos para que alcancen la meta con el mejor puntaje, y en el país las instituciones públicas sacando el máximo provecho a los recursos y al tiempo para conseguir una preparación más efectiva y en mejores condiciones.

Si Nicaragua ya se propuso metas superiores en lo educativo, esto implica subir cada año el gasto público en esa área, el que durante 2015 ha sido estimado en 4.4% del PIB. El nivel óptimo, según mediciones internacionales, sería 7% del PIB. Hacia allí tiene que ir el país.

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