Orlando López-Selva
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Tal como lo dijimos el 4 de enero pasado: el Partido Popular no lograría aliarse con nadie; y el rey Felipe VI jugaría un papel determinante, luego de la falta de consenso político mayoritario, para conformar un nuevo gobierno parlamentario en España.

Mariano Rajoy se ha quedado íngrimo, impotente. No ha podido hacer alianzas con ninguno de los partidos opositores que participaron en las elecciones pasadas. 

Se entró en un impase desconcertante. Y los plazos deben urgir a buscar un consenso para formar un gobierno de alianzas que no solo represente a las mayorías sino que sea legítimo.

Por tanto, después de una prórroga constitucional, el Rey ha invitado al líder del PSOE, Pedro Sánchez-Castejón --del partido del segundo lugar, que tuvo menos votos que el Partido Popular-- para que negocie con los otros partidos y conforme un gobierno de alianza. Las posibilidades son mínimas. Pero el PSOE puede aliarse y hacer gobierno de minorías con Ciudadanos, de centro derecha.

Si no se conforma un gobierno en un tiempo prefijado, el Rey convocará a nuevas elecciones. Ya Bélgica, hace unos años, estuvo sin primer ministro por un año. 

Lo desalentador: ver que los votos ciudadanos que le dieron mayoría relativa al PP, están perdiendo su valor por la incapacidad de los políticos para ponerse de acuerdo. Y Mariano Rajoy quedó en ridículo. Nadie quiso aliarse con él. 

Pero hay un lado bueno. Con estas reglas, los gobiernos no pueden gobernar solos; necesitan tener suficiente apoyo trans-bancadas para legislar. Así, los primeros ministros (presidente en el caso de España; canciller, en Alemania) deben tener legitimidad siempre.

No importa si deba haber nuevas elecciones. Importa que el Gobierno funcione (mecanismos): fluidamente y por consenso; (valores): dignidad y civilidad.  

Ello asegura que cada discusión parlamentaria cuente con un sustento mayoritario, sostenible y tangible.

¡Cuántos votos tenés, cuánto valés --valgan alianzas con adversarios!

Ahora el reto es para Sánchez-Castejón, un joven político, doctorado en economía; con una visión más hacia la izquierda y cuestionamientos severos acerca del manejo de la economía en España, el papel que se juega en la Unión Europea, y el liderazgo de Berlín y París. 

Y si Rajoy no pudo detener el ascendente desempleo en España,  sí ha hecho repuntar la economía --siendo hoy el país que más crece en Europa (3.2) --. Pero, acechado por denuncias de corrupción a miembros del PP, está pagando su deuda. 

Sería justo ver cuánto (o cuándo) se puede denunciar a los cubanos o rusos, en sus respectivos países.

¿O la izquierda es infalible y perfecta?

No. Ver casos de los Kirchner, Roussef y Maduro, en Suramérica.

Aunque, la democracia más fácilmente desnuda a los gobiernos de derecha que a los de izquierda. ¿Por qué? Los de izquierda  lo justifican todo para no rendirle cuentas a nadie. 

Hasta hace unos años el PSOE, con Zapatero en el poder, endeudó, postró y entumeció el ímpetu de la economía española --entonces, la cuarta más grande la zona Euro; y la novena del mundo--. 

Todo terminó mal con PSOE. Y los PP llegaron al poder con gran mayoría; enderezaron la economía. Pero el alto desempleo no lo han podido detener. 

El punto es que así funciona la democracia. Diferentes partidos tienen chance para corregir errores, rectificar rumbos, y tienen la oportunidad para que tiros o troyanos demuestren sus habilidades para hacer el bien.  

En la democracia, la alternancia en el poder es saludable, sin importar sus ideologías. 

¿A cuántos nos gusta esta idea?

¿El PSOE volverá al poder… enfrentado a decididas propuestas de desmembración? ¡En eso son muy serios vascos y catalanes! Son amenazas que corroen la existencia misma del Estado español.

Creo que hasta se arriesgaría la institución misma de la monarquía. Pero la habilidad del Rey debe ser determinante para que España no se convulsione o rompa.

Lo maravilloso del sistema parlamentario es que, para liderar un gobierno, se debe, permanentemente, negociar con los adversarios; pues, si  no tiene apoyo sustantivo de otros partidos, se puede caer. Igualmente, todos los parlamentaristas deben cuestionar y ser cuestionados. 

Así, la democracia parlamentaria es una rendición constante de cuentas bajo la lupa. Y todo ministro debe también ser un parlamentario que explique su hacer diario.   

El parlamentarismo es una vitrina. No tiene esos repugnantes candados del  sistema presidencialista, que cuando sus dirigentes suben al poder --aunque fuere por voto mayoritario-- y tarde o temprano pierden popularidad o se vuelven tiránicos, se hace muy difícil votarlos legalmente. Bueno, salvo que existan mecanismos revocatorios constitucionales. 

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