Cefas Asensio Flórez
  •   Managua, Nicaragua.  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Es alentador saber que en 2016 se iniciará un proceso de mayores asignaciones a los programas educativos, especialmente a la cantidad y la formación de docentes. Sin embargo, no es automático que con más dinero se mejore la calidad de la educación; es muy importante reflexionar sobre los grandes retos que tenemos para que el sistema educativo se convierta en motor de los procesos de desarrollo económico, social, cultural, ambiental y político del país. Por ahora, reflexionemos sobre un tema concreto como son las condiciones de la salud popular y el rol de la educación en este tema sensible del desarrollo social.

Afirmar que un pueblo bien educado es un pueblo saludable, es tan obvio como afirmar que la educación es motor del desarrollo. Sin embargo, mientras no encontremos los eslabones que unen una cosa con la otra, la educación seguirá siendo irrelevante, el sistema educativo seguirá promoviendo técnicos y profesionales, pero las condiciones para mejorar la calidad de vida de la población —en donde está su vida saludable— tendrá desventajas para afrontar las epidemias, enfermedades y riesgos para la salud.

La calidad de la educación está en que esta sirva para la vida, esto atrae y retiene a la población, porque ofrece conocimientos para resolver los problemas de la vida cotidiana, como el manejo de las enfermedades prevenibles con hábitos saludables. En los sistemas de salud es sabido que la mayor parte de las enfermedades son de carácter prevenible, o tienen con la prevención formas de reducir los riesgos y las complicaciones; y este es un tema fundamentalmente de calidad educativa, pues se trata del manejo autónomo de la salud personal, familiar, comunitaria y social. 

Por ello es que por más intervenciones directas del Minsa con sus motorizados fumigando las casas y sus promotores abatizando, mientras la población no desarrolle hábitos saludables, los mosquitos del dengue, chikungunya y zika, así como los virus y bacterias de otras enfermedades seguirán representando amenazas y altos riesgos para la población. La formación de hábitos saludables debe ser, sin duda, una de las habilidades para la vida de una educación de calidad, y estar en el currículo de la educación básica y media, no de manera informativa o ilustrativa para la memorización, sino dinamizada por pedagogías para la reflexión, la investigación y la acción participativa en forma cotidiana y recurrente. 

Asimismo, debe ser parte del currículo testimonial para que los mismos centros educativos sean ejemplos de higiene y hábitos saludables; y una educación no formal que estimule la conciencia en los barrios, las comunidades, los pueblos y ciudades a fin de apreciar la higiene y limpieza como sinónimos de vida y belleza, estimulándolos y reconociéndolos también como destinos turísticos nacionales e internacionales. Esta campaña educativa debe ser permanente para ver resultados.

La formación de hábitos saludables, señalan estudios epidemiológicos y experiencias internacionales, es la clave. Esta tarea trasciende a los sistemas formales de educación y salud; es necesaria la participación de los medios de comunicación social con campañas de educación en salud; creativas, estimuladoras de los cambios de actitudes y sostenidas en el tiempo. La formación de hábitos saludables es parte de la responsabilidad social empresarial, especialmente de empresas y fundaciones con la educación como misión; y es responsabilidad de organizaciones sociales vinculadas con la salud y la educación, cuyos aportes con materiales y pedagogías innovadoras pueden hacer diferencias significativas en sus ámbitos de acción.

No es casualidad que los países con mayores niveles educativos tengan más años de expectativas de vida, teniendo mejor controladas las crisis y epidemias de enfermedades prevenibles. En el Informe sobre Desarrollo Humano 2015 encontramos entre países que han invertido sostenidamente en educación y salud, Cuba con 11.5 años de educación promedio y Costa Rica con 8.4 años, tienen 79.4 años de esperanza de vida al nacer; Nicaragua, con 6.0 años de educación promedio, su esperanza de vida son 74.9 años. Los países con mayor desarrollo humano (Noruega, Australia, Suiza, Dinamarca, Países Bajos y Alemania), con 12 o más años de educación promedio, tienen la esperanza de vida entre 81 y 83 años. 

Convirtámonos en una sociedad educativa, donde todos y cada uno asumimos conscientemente cambios de actitudes para mejorar nuestra calidad de vida, y creamos ambientes propicios para este cambio. Lo podemos hacer desde el ámbito personal y familiar, pero también desde una estrategia de alianzas educativas por la salud, con fundaciones, empresas, instituciones públicas, organizaciones sociales vinculadas con salud y educación, iglesias de distintas confesiones, medios de comunicación, todas lideradas con una actitud abierta por el Minsa y el Mined en todos los niveles.

Es una manera de entender y hacer efectiva la calidad de la educación. Un pueblo bien educado será entonces un pueblo saludable. 

*Miembro de Eduquemos. 

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus