Eddy Zepeda
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La más reciente clasificación de la demencia, según el DSMV, es Trastorno Neurocognitivo Mayor (TNM) asignando el término de Trastornos Neurocognitivos Menores a lo llamado anteriormente Deterioro Cognitivo Leve o Moderado.

Comúnmente, cuando hablamos de demencia es similar a decir Enfermedad de Alzheimer (EA), sabiendo que existen otras causas de dicho proceso neurológico, 65 a 70% de los TNM se deben a la EA, y el resto a otras causas menos comunes (35-30%): vasculares, E. de Pick, metabólicas, etc.

En términos populares, dicha enfermedad es conocida como locura o psicosis, pasando la mayoría de las veces inadvertida al creer que los desajustes son debido a la edad. Debemos saber que así como envejecer no es sinónimo de enfermar, las alteraciones neuropsicológicas no tienen necesariamente que ser consideradas normales en la tercera edad (mayores de 65 años).

Cultural o inculturalmente es común observar en núcleos familiares y comunitarios, inclusive institucionales (públicas o privadas) la no prestación de atención ante conductas inapropiadas o incoherentes, hasta violentas o desinhibidas, de ancianos que existen en nuestro entorno. Lo más común a escuchar es: "Es que quiere llamar la atención", "Está chochando", "Es otra de sus rabietas", etc.

Cuando se habla de alzhéimer casi siempre pensamos únicamente en alteraciones de la memoria, en olvidos, pero la severidad del daño neuropsicológico abarca otras esferas del individuo: conducta, comportamiento, socialización, desintegración, lenguaje, olfato, audición, equilibrio, expresión, y hasta emociones.

La zona cerebral del hipocampo, donde se cree que existe el mayor daño (aunque toda la corteza cerebral también se afecta), está vinculada con el área límbica, donde se expresan también las cualidades mencionadas anteriormente. Según las etapas o fases conocidas clínicamente (subjetiva-leve-moderada-severa), así mismo se van presentando los síntomas clínicos, que son a la postre los que permiten el diagnóstico tempranamente.

Luego de sospechar la alteración debido a los problemas de memoria, en fases iniciales, el deterioro puede seguir un curso acelerado o lento, en dependencia de muchos factores: variante del gen, comorbilidades, terapias recibidas (farmacológicas y no farmacológicas), entorno psicosocial, etc. 2, 4, 6 o más años de evolución hasta el desenlace.

Importante destacar dentro de todo el proceso de la enfermedad las situaciones que obligan a las familias a la institucionalización o internamiento del paciente al no poder asumir el control del mismo, temiendo la real secuela de desintegración del núcleo familiar.  ¿Justo? ¿Injusto? El Síndrome del Burnout es inminente entonces sobre el entorno del paciente. Familiar, institucional o contratado. Se queman o fatigan los cuidadores.

Hablamos de la presentación de los llamados síndromes psicóticos o alteraciones neuropsicológicas mayores: alucinaciones, vagabundeo, agresividad, desorientación, desinhibición, entre otros. Las familias se encuentran entre el dilema de dopar al paciente (uso excesivo de psicofármacos), encerrarlo dentro de la vivienda o ingresarlo en un centro psiquiátrico.

La evidencia ha demostrado que no son esas las alternativas más acertadas, mucho menos las más humanas. Quizás algunas puedan considerarse, con mucha responsabilidad, en algunos casos, y por personal especializado o entrenado.

Las TNF o Terapias no Farmacológicas Ensayadas en varios países (de Europa y Suramérica) han demostrado que son efectivas para la prevención de los llamados síntomas psicóticos, entre las cuales se mencionan: ludoterapia, terapia de reminiscencia, terapia vocacional, musicoterapia, zooterapia, terapias alternativas orientales (acupuntura, masajes, hidroterapia, otras), obteniéndose mejores resultados al combinar ambos tipos de terapias cuando es necesario.

La estrategia de Casas de Día, Albergues o Casas de Reposo, que se implementan en varios países, podría ser una respuesta acertada ahora que el problema sanitario podría ser considerado endémico o controlable, algo así como un ejercicio de acumulación de experiencia para cuando llegue la verdadera epidemia o pandemia en tan solo 4 a 5 décadas.

Hoy son 9 de cada 100 los adultos mayores los que se consideran afectados. Para el 2050 podrían ser 50 de cada 100. De cada dos mayores de 65 años, uno sería paciente y el otro debería dedicarse a cuidarlo.

Estamos a tiempo de preparar condiciones ante esta amenaza humanitaria, tan severa y tan real como el cambio climático. Dos o cuatro grados de incremento de la temperatura para el 2100 serían equivalentes al daño producido por la pandemia de alzhéimer para ese entonces.

La pirámide poblacional cambiante es un aviso. Cada vez menos población joven y más en la tercera edad, ventana etárea de riesgo incrementado para los procesos neurodegenerativos. Crónica de una tragedia sanitaria anunciada. Prevención y mitigación también se aplican en materia epidemiológica. Salud mental necesaria. Somos parte de la naturaleza.

Salud para todas.

*Médico

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