Augusto Zamora R.*
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Se celebra en Dubái, uno de los sitios más ricos del mundo, una conferencia sobre el futuro de la humanidad. 4,500 personas para pensar el planeta en las próximas décadas.

La noticia no es la conferencia en sí, pues desde que hay culturas los seres humanos hemos querido –sin éxito– adivinar nuestro futuro. Lo singular celebrarla en Dubái.

Dubái forma parte de Emiratos Árabes Unidos, país musulmán archirrico, donde los derechos humanos brillan por su ausencia. No existe democracia ni libertad de expresión. Dada la escasa población autóctona, el trabajo ingrato lo realizan emigrantes, sometidos a abusos tales que Emiratos está denunciado en Naciones Unidas.

En la vecina Arabia Saudita la situación es peor, especialmente para las mujeres, que no pueden salir solas de su casa, probarse ropa en una tienda ni practicar casi ningún deporte. Hasta hace poco, no podían votar ni manejar vehículos automotores.

En noviembre de 2015, un tribunal saudita condenó a muerte al poeta palestino Ashraf Fayad, acusado de apostasía, es decir, de negar el islam. La protesta mundial obligó al gobierno a anular tal salvajada, cambiándola por ocho años de cárcel y 800 latigazos.

Hablar del futuro en esa región del mundo, anclada en temas sustantivos en el Medievo, es ejemplo de las deformaciones que produce el exceso de riqueza. Porque es el exceso de dinero lo hace celebrar tantos eventos mundiales en la península arábiga.

Y lo que no tiene futuro es ese mundo.

az.sinveniracuento@gmail.com

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