Adolfo Miranda Sáenz
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A algunos no les agradan ciertos gestos y expresiones del papa Francisco que consideran políticamente equivocados. Por ejemplo, que después que el gobierno cubano brindó sus importantes servicios como anfitrión del encuentro entre el Papa y el patriarca Kirill —quien escogió a Cuba para reunirse— el papa Francisco al agradecer esos servicios haya dicho: “Si siguen así, Cuba será la capital de la unidad”. Muchos que no simpatizan con el gobierno cubano seguramente preferirían oír censuras y condenas del Papa, pero nadie debería dejarse llevar por una primera impresión, sino analizar más a fondo lo que está pasando.

El papa Francisco conoce la historia de Cuba, los tiempos en que se cerraron seminarios y conventos, se expulsaron sacerdotes y se enseñó el ateísmo a los niños en las escuelas. Él, como muchos, desearía aperturas y cambios en ese país para que todos los presos políticos fueran liberados y que no se dieran mínimas violaciones a los Derechos Humanos. Pero también sabe que mediante la fuerza no se logran cambios ni soluciones adecuadas; que cuando los cambios políticos son fruto de la violencia generalmente el remedio resulta peor que la enfermedad. Por eso sabe muy bien que el bloqueo de EE.UU. a Cuba (una forma de violencia) no ha servido para nada, más que para aumentar las penas del pueblo cubano. Y por eso tendió puentes para acercar a los presidentes Obama y Castro y así acercar a EE.UU. y Cuba.

El papa Francisco también sabe la historia de las guerrillas latinoamericanas creadas y apoyadas por el gobierno de Cuba en el pasado, y por eso alienta ahora que Cuba propicie el entendimiento para lograr la paz entre el presidente de Colombia Juan Manuel Santos y la guerrilla de las FARC. Conoce también que el pueblo cubano empobrecido ha visto con esperanza cierta apertura en el sistema económico que permite vislumbrar posibilidades de mayores avances en esa dirección. Y el papa Francisco quiere alentar esos cambios para que aumenten y se profundicen.

La Iglesia en Cuba no sufre persecución desde tiempos de Juan Pablo II. El ateísmo ya no es obligatorio. Se han dado cambios tales como incorporar a monjitas en la atención de hospitales y otros centros de asistencia del gobierno, realizar proyectos sociales y comunitarios con la inclusión de católicos y de otras religiones, o los mismos recibimientos a Juan Pablo II, Benedicto XVI y al papa Francisco. Quizá no se han dado todos los cambios que quisiéramos, ni se dan aperturas con la velocidad que desearíamos, pero se dan. El papa Francisco habla en privado con Fidel y Raúl Castro. No sé qué les dirá, pero seguramente el Papa se interesa por el bien del pueblo cubano. Ese acercamiento dialogante del Papa permite que sea escuchado y no rechazado, y eso favorecerá —sin duda— los cambios que Cuba necesita.

No sé qué hará Raúl Castro o su sucesor en el futuro. Pero el papa Francisco conoce la historia de Rusia y sabe que después de 70 años de comunismo en la antigua URSS, fue un líder del Partido Comunista, Mijaíl Gorbachov, quien impulsó la “perestroika” (renovación) que abrió las puertas a la democracia y a la plena libertad en Rusia y Europa Oriental, cambió el sistema económico y terminó con la Guerra Fría. Cambios dados desde adentro,  sin ninguna presión ni violencia.

El Papa no es comunista ni aprueba un capitalismo salvaje donde se endiosa el dinero y el mercado por encima de la dignidad humana. No juzguemos al papa Francisco a la ligera; él sabe que Dios es amor, y es más poderoso el amor que el odio.

Abogado, periodista y escritor.
www.adolfomirandasaenz.blogspot.com

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