Jorge Isaac Bautista Lara
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Existe una anécdota que cuenta que en un frente de batalla, en la guerra, un soldado le dice a un teniente: mi amigo no ha regresado del campo de batalla, señor. Solicito permiso para ir a buscarlo. Permiso denegado, replicó el oficial.

No quiero que arriesgue usted su vida por un hombre que probablemente ha muerto. El soldado haciendo caso omiso de la prohibición, salió, y una hora más tarde regresó mortalmente herido, transportando el cadáver de su amigo.

El oficial estaba furioso. ¡Ya le dije yo que había muerto! ¿Dígame, merecía la pena ir allá para traer un cadáver? Claro que sí, señor. Cuando lo encontré, todavía estaba vivo y pudo decirme: ¡Estaba seguro que vendrías! Y es que un amigo es aquel que llega cuando todo el mundo se ha ido.

En Holanda se inventó el programa El Gran Hermano, que luego se ha extendido en diversas versiones; cuyo objetivo esencialmente es de eliminación. El inventor se dice no tiene mayor responsabilidad social; su propagación y nivel de audiencia tan solo demuestra y muestran lo actual de su realidad, donde la misma sociedad  se identifica con sus vivencias.

Zygmunt Baumant, pensador polaco, tiene entre sus aciertos el haber dado un nombre a esta realidad en que vivimos; de un mundo sólido de realidades y certezas a un “mundo líquido” (frágil y transitorio). Donde es difícil conservar las cosas; las amistades. El individualismo campea.  

En una entrevista que le hiciera el periodista José Zepeda sobre ese programa, decía que es un programa destinado a la “exclusión”, eliminación, alguien ganará y los demás perderán; en consecuencia deberán ser borrados de la TV.

Una guerra de vida o muerte; donde se dan las coaliciones transitorias. Y el convencimiento que el que pierde es por su propia culpa. Un programa que refleja el mundo en que estamos. Donde es difícil preocuparse por los otros, concluía. Así se está organizando la sociedad. Las universidades no están ajenas a esta agenda.

Decía este pensador que en estos programas el débil debe ser sacado. Y nadie se atreve a discutir el principio mismo de “la exclusión”. Y “lo único que nos queda es asegurarse que no es uno el excluido”.

Excluir para permanecer. Donde no cabe lealtad ni solidaridad: valores que han perdido sentido y actualidad.

Relativizando las amistades a lo temporal de la conveniencia. Donde matamos los compromisos a largos plazos. Ahí uno de los problemas. Pues las verdaderas amistades son compromisos a largo plazo. Las amistades de nuestros viejos eran para toda la vida. Hoy los plazos y compromisos son cortos en todo.

En estos show de concurso dan la lección, que se consolidan en las universidades, de crear equipos de trabajo temporalmente útiles, instrumentales, para no ser una víctima, esto es para lograr pasar clases. Y presentado los trabajos, cada quien por su lado. Sin continuidad de amistad.

El mensaje de la exclusión es inevitable; no existe lugar para todos. Un pensamiento de la época. Con una exacerbación del  individualismo, una “claudicación” de lo social, del sentido de comunidad de compañerismo y amistad. Siendo el “amigo”, algo difícil de encontrar.

¿Cómo conseguir amigos verdaderos? Dilema y dificultad en estos tiempos. Un amigo como aquel, aquella, en quien podemos confiar verdaderamente; alguien dispuesto a ayudarnos, y que tiene hacia nosotros empatía especial.

Aunque si queremos tener amigo, hemos de ser nosotros también ese amigo para el otro. Amigo como el que nos escucha y calla cuando hablamos; y capaz de hablar cuando se tiene que hablar. Amistad en la comunicación, diálogo,  consejo, solidaridad y apoyo. Sin ser posesivo.

Amigo aun no siendo hermanos, es casi un hermano, o amigo y hermano al mismo tiempo, es una bendición. Existe una frase simbólica que valora: “Nuestros amigos son los hermanos que Dios olvidó darnos”.

No fuimos creados para estar solos, pero difícilmente encontramos en las universidades esta acción pedagógica que induzca sólidamente a la prolongación de las amistades, algo muy distinto al trabajo de grupo. Aunque sí se podría encontrar en ese instrumento de trabajo colectivo de clases el ideal para hacerlo.

Hacemos el trabajo de grupo, en lógica de conveniencia y beneficio propio, algo que aleja corazones y seres entre sí.

Si preguntáramos en las clases quiénes conservan amistades de primaria, de secundaria o al salir de la universidad, preguntar a  exalumnos cuántos amigos conservan, las respuestas son tristes. Y si esto pasa, es señal y huella tan solo de que algo que hicieron nuestros abuelos hemos dejado de hacer para que hoy las verdaderas amistades no estén floreciendo como antes.

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