Augusto Zamora R.*
  •   Managua, Nicaragua.  |
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Una empresa mexicana prepara y envasa insectos para consumo humano, gusanos de maguey y saltamontes, entre otros. México es uno de los mayores países insectívoros. 

Según la FAO, hay registradas en el mundo 1,900 especies de insectos comestibles, que conforman la dieta de 2,000 millones de personas en cuatro continentes.

La razón es simple. Los insectos son fáciles de adquirir, nutritivos y sabrosos. 100 gramos de termitas africanas contienen 610 calorías, 38 gramos de proteínas y 46 de grasa. 100 gramos de hamburguesa ofrecen 245 calorías, 21 gramos de proteína y 17 de grasa. Alimentariamente, ganan las termitas.

Rechazar los insectos es factor cultural, heredado de Europa, el continente con menor densidad de insectos. Señala Marvin Harris, en “Bueno para comer”, que los europeos no consumían insectos porque obtenerlos exigía más energía que la que proporcionaban. Era cuestión costo/beneficio. No se gastan 500 calorías para obtener 300.

América, en cambio, es continente rico en insectos. Por esa causa, los pueblos nativos los consumían en abundancia, como recurso ante la carencia de mamíferos y aves.

De España llegaron vacas, cerdos, cabras, gallinas y ovejas. La conquista fue sangre y la colonia una revolución alimentaria. Las proteínas que antes faltaban ahora abundaban.

Pasó así que países como Nicaragua llegaron a tener más vacas que habitantes. Nuestra dieta carnívora proviene de ese factor. Ahora que hay más gente que ganado debemos explorar otras fuentes. Los insectos, por ejemplo, buenos, baratos y sin colesterol. 

az.sinveniracuento@gmail.com

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