Jorge Isaac Bautista Lara
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Existe un cargo y eslabón vital en nuestra sociedad que no siempre notamos ni valoramos, que se invisibiliza en la familia, sociedad y ante el mismo Estado. Pese a su omnipresencia en el hogar, es el “ama de casa”. Enraíza sus actividades en la familia (base del Estado, sociedad y del ser humano). Un cargo con desempeño extremo (365 días; 24 horas al día). Que constituye la fuerza laboral más grande y compleja del planeta con silencioso desempeño.

Dice Juan Bautista Arrien que “La familia… tiene el encargo de ser la principal célula educadora permanente, principal foco expansivo dinamizador de la comunidad de aprendizaje. La escuela… da continuidad…”

Su hacer navega en extremos: por un lado incluye cocinar, lavar, planchar, limpiar, niñera, contar historias, hacer compras, enfermera, visita al centro de salud, educadora, administradora, gerente, economista, contadora, consejera, psicóloga, compañera, esposa, decoradora y hasta hacedoras de milagros cuando las cosas se ven imposibles. Del otro lado; sin salario, vacaciones, seguro, sin descanso, prestaciones, insuficiente preparación, sin aguinaldo ni pago de horas extras, jubilación, escasa de ropa, y olvidadas del sistema educativo (sin programas especiales para ellas). 

Y de cereza del pastel; valoradas como “mantenidas”. Pese a la cruz;  ejerce su oficio por amor y con amor a hijos y familia. Convencida de que en el desarrollo del cargo, en su entrega, da la garantía de cohesión a los otros.

Se le menosprecia y descalifica desde una óptica moderna por improductiva de bienes y servicios; no generadora de ganancias en el contexto de sociedad de consumo.

Las realidades apuntan lo contrario, con hechos más trascendentes y transversales, por ser ahí donde nacen y desarrollan los futuros componentes de la próxima generación. La familia; es el espacio donde existe la primera escuela de la niñez. El lugar interno, donde se forma lo más excelso de la próxima generación; nuestra niñez. El lugar donde la educación se imparte con gusto y arte, según Paulo Freire, porque “Puede dejar de venir de afuera, pero no puede dejar de partir de adentro”. 

Las “amas de casa” son ese eslabón estructurador del YO (el individuo) en las familias y la sociedad; y es quien porcentualmente crea las personalidades e inicia el desarrollo humano de un país. Es ahí donde se toman a diario las pequeñas decisiones, trascendentes con el tiempo, para esas vidas y la sociedad.

La familia es el lugar de labores del “ama de casa”; lugar de la principal educación de los hijos y lugar ideal para vivir. En tanto es una minisociedad que antecede al mismo Estado, siéndole aún más básico. Es el lugar donde se aprende la solidaridad, el amor; donde se enseña a compartir trabajo, bienes, espacios y alimentos. Donde se inician las alegrías y penas. 

De manera que si toca ganar algo, nos toca a todos. Y si alguien enferma, el efecto de sentirse enfermo nos llega al resto. Ahí las celebraciones y donde se aprende a rezar u orar. El lugar donde se enseña lo que es bueno y lo que no lo es, y donde se bendice la comida. El lugar donde la alfarera, “ama de casa”, imprime los valores a los futuros gobernados y gobernantes. Es decir: donde se cuecen los componentes básicos de la futura sociedad y su gobernanza.

Ese ser da músculos y sangre a la frase “Ningún ideal se hace realidad sin un sacrificio”. Las cosas se hacen ahí con perseverancia, sin prisas, con paciencia, a como es la educación; postergado el deseo de resultados inmediatos. Pues no se encuentran en Colegios y Universidades la concentración de la educación, no está ahí la totalidad del saber: la educación parte de casa. Y es en la educación, como en el resto de cosas, donde se cosechará lo que se ha sembrado.

En cualquier cargo se puede afirmar que una mujer podría reemplazar a otra, menos en el papel de su propio hogar. Esto no es invitación a ser “ama de casa”, es su justa valoración e invitar a no abandonar totalmente la casa, sino reforzar y turnar hombres y mujeres, juntos, por su difícil sustitución. Es el espacio donde se da la niñez y sucede el primer aprendizaje; bajo la tutela del “ama de casa”.

Escribe Augusto Cury: “Los buenos padres atienden dentro de sus posibilidades, los deseos de sus hijos. Celebran fiestas de cumpleaños, compran zapatos, ropa… Los padres Brillantes les dan algo incomparablemente más valioso… su ser, su historia, sus experiencias, sus lágrimas, su tiempo”. Eso es lo que hace el “ama de casa”, nuestro eslabón vital olvidado. Y es nuestra materia pendiente ¿Cuándo les valoraremos justamente?

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