Jorge Eduardo Arellano
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He aquí una relectura de los últimos días del general Augusto César Sandino, procedente del diario La Noticia y tomada de mi más reciente obra historiográfica. No consiste en la narración de todos los hechos que condujeron a su magnicidio, ya bien conocidos, sino en otros nuevos y desconocidos, los cuales contribuyen a interpretar mejor los acontecimientos.

El martes 13 de febrero de 1934, desde Wiwilí, el general Sandino escribió una carta que entregaría personalmente a su destinatario, el presidente Juan B. Sacasa, el viernes 16 al aterrizar en Managua por la tarde en un trimotor de Lanep (Líneas Aéreas de Nicaragua de la Empresa Palacios). En ella saludaba “por su digno medio al pueblo nicaragüense, y en particular al de Managua, en esta hora de unánime esfuerzo para consolidar la paz, el trabajo y el progreso”. Además, le traía de obsequio varias libras del tabaco cultivado en su cooperativa, “unos tantos puros chilcagritos” y una cáscara de tuno, “o sea la tela que usan nuestros indios para cobija”. Pero el mismo viernes 16 Sandino declaró que la GN debía constitucionalizarse.

El sábado 17, Sandino y Sacasa almorzaron en casa presidencial. El domingo 18 Somoza y Bliss Lane asistieron en Managua, por la mañana, a un partido de beisbol en el estadio de La Penny, donde ––según se comentó después–– fue planificado el magnicidio. Por la noche, Sandino y Somoza se entrevistaron en la misma casa presidencial. Al parecer, Somoza no reclamó al exguerrillero el contenido de sus declaraciones en La Prensa, publicadas ese mismo día: que él era uno de los tres poderes de Nicaragua, especificando “No entregaré las armas a la Guardia Nacional porque no es autoridad constituida. La Guardia no obedece al presidente, nosotros no obedecemos a la Guardia porque no es legal.” Ese mismo domingo 18 Juan Ramón Avilés editorializaba con afán conciliador en La Noticia: “El Gral. Sandino y el Gral. Somoza están de acuerdo”; se refería a que ambos habían planteado la urgente constitucionalización de la Guardia a través del Congreso.

En vías de solucionar la crisis política, el lunes 19 Sandino y Sacasa intercambiaron cartas. El caudillo de Las Segovias señalaba que las garantías para sus hombres era imposible realizarla “sin corregir la forma y procedimiento ilegales de la Guardia Nacional” y prometía hacer todo lo posible para evitar el levantamiento de sus hombres contra el gobierno. Por su lado, el presidente prometía enviar, en el primer semestre de 1934, una ley orgánica y otra reglamentaria de la GN para amoldarla a la constitución política vigente; mientras tanto, nombraría un delegado del Ejecutivo, el general Horacio Portocarrero, con mando civil, político y militar. El poder tripartito del país se resolvió a favor de la GN, es decir de Somoza García. En palabras de Nicolás López Maltés, el queso fue Sacasa, el ratón Sandino y la ratonera la GN.

Realmente, Somoza García temía que la reforma orgánica de la GN disminuyese su poder y pudiera ser reemplazado de su cargo. En cuanto a Sandino, deseaba debilitar a la GN como ejército heredado de la intervención y tener la posibilidad de integrar a efectivos sandinistas en la conformación del nuevo ejército nacional que se proponía crear Sacasa en tres meses. Al mismo tiempo aspiraba preservar el prestigio político de su movimiento nacionalista y transformarse en un grupo de presión importante de cara a las elecciones de 1936, además ––como señala Óscar-René Vargas–– de obtener apoyo del Gobierno para desarrollar al campesinado del norte del país dentro de los parámetros del Estado burgués.

Todo ello fue impedido por la decisión de Somoza García de aniquilar a Sandino y a los suyos con el apoyo escrito de la oficialidad del ejército y, según la opinión pública  ––tras suscitarse la visita esa misma tarde Somoza García a Legación Americana–– con el visto bueno del embajador estadounidense Arturo Bliss Lane. Este y los hechos subsiguientes son muy sabidos. Pero se desconocen otros, entre ellos la cena ––en casa de Sofonías Salvatierra–– de Sandino con sus lugartenientes (Sócrates, Umanzor, Estrada, Santos López y Juan Ferretti), el mismo Salvatierra, su padre don Gregorio y tres brasileños el lunes 19 de febrero. Una fotografía registra ese encuentro, en la que figuran los citados.  Sin duda, esta la fue la última fotografía de Sandino, quien dedicó a sus invitados unas palabras autógrafas: las últimas también que redactó. En ellas se refirió a “la grandiosa misión que sus espíritus andan llevando en provecho del mundo terrestre”.

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