Adolfo Miranda Sáenz
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A la izquierda del espectro político existen diferentes socialismos, diferentes sistemas sociales y económicos distintos entre sí, pero que tienen en común defender algún tipo de intervención de parte del Estado en la economía y en el sistema social para brindar o facilitar el acceso a los servicios básicos como salud, educación o seguridad social, y regular las relaciones entre empleadores y empleados para evitar abusos e injusticias. Todos se oponen, aunque de diferentes maneras, al liberalismo clásico y al neoliberalismo que hoy sustentan los partidos conservadores, o sea la derecha política que defiende que la economía y los servicios sociales como educación, salud o seguridad social, deben estar en manos privadas, rigiéndose todo, incluyendo las relaciones laborales, únicamente por las leyes del mercado, sin intervención del Estado.

La diferencia entre los distintos tipos de socialismo está en cómo combinan la intervención del Estado con la propiedad privada y el libre mercado. Entre más intervención estatal promueven, se ubican más a la izquierda. Pero se diferencian también en la forma de organización política, que va desde el sistema comunista de partido único que controla todo mediante una dictadura, hasta la democracia liberal practicada por social demócratas y social liberales, con amplias libertades, pluralismo y elecciones libres, división e independencia de los Poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, y una oposición como minoría representada, escuchada y no excluida.

El comunismo marxista-leninista defiende un socialismo donde el Estado, por medio de un partido único, ejerce el control total de la actividad económica y de la vida social y política, es el propietario de todos los bienes de producción y planifica toda la economía decidiendo qué, cuánto y cómo producir, y la forma en que los bienes y servicios llegan a la población. No existe mercado libre y se implanta la dictadura del partido único. El comunismo pretende acabar con el sistema capitalista de libre empresa.

En cambio, la social democracia pretende eliminar los excesos del capitalismo sin acabar con el mismo. Defiende la empresa privada y el libre mercado, pero con algunas regulaciones a la economía y a los servicios sociales, los cuales considera responsabilidad del Estado, estableciendo normas e impuestos para una distribución justa de las ganancias entre los propietarios, los trabajadores y el Estado que debe garantizar los servicios de salud, educación, pensiones y demás servicios sociales que conduzcan a un “Estado de bienestar”. Defiende la armonía entre capital y trabajo, las libertades públicas y la democracia. Es una izquierda moderada.

También existe el social liberalismo, el cual surge de la evolución del liberalismo clásico sustentando los grandes principios de libertad, igualdad y fraternidad, pero considerando que los pobres y marginados, debido a su situación socioeconómica, no tienen verdaderamente libertad de decidir ni igualdad de oportunidades en una economía libre si el Estado no interviene para facilitarles el  acceso a los bienes y servicios básicos que no pueden obtener solo con las leyes del mercado. Consideran que la fraternidad solo es posible con justicia social. Defienden la democracia y la libertad. Comparten muchos principios con la social-democracia y es también una izquierda moderada o centro-izquierda.

En cuanto al “socialismo del siglo XXI”, es difícil definirlo. En 1996 Heinz Dieterich Steffan (alemán) lo mencionó por primera vez, pero sin definirlo conclusivamente. Hugo Chávez lo retomó diciendo que “se basa en la solidaridad, en la fraternidad, en el amor, en la libertad y en la igualdad”, pero sin explicar cómo se aplican estos conceptos generales concretamente en la práctica económica y en la vida social. En Latinoamérica algunos gobiernos lo asumen, pero su implementación difiere entre uno y otro país, tanto económica como políticamente.  

Abogado, periodista y escritor,
www.adolfomirandasaenz.blogspot.com

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