Jorge Isaac Bautista Lara
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En una conferencia Anthony de Mello, sacerdote Jesuita, decía: “Cuando el ojo no está obstruido… el resultado es La Vista; Cuando el corazón no está obstruido… el resultado es amor”. Y ello funciona como la rosa, explicaba, que su aroma inunda al que se acerca a ella, sin diferenciar. Y repetía al poeta Kabir: “El árbol dará su sombra hasta al hombre que lo está tirando abajo. . . dejando el aroma en el hacha”, porque el sol cubre a buenos y malos.  Así es la paz, así su felicidad, al hacer referencia a comer en paz no es cantidad, precio, ni restaurante de preferencia, ni variedad de elementos que se juntan en el plato al comer. Es alusión al encuentro y acercamiento. Comer en paz, es un factor íntimo, personal, que te libera de sentimientos negativos. Es el verbo y adjetivo que se ausenta y distancia de los pleitos y conflictos al momento de comer. Comer en paz, a como todo lo humano, es de doble vía, la paz cubre a todos;  a quienes la dan y a quienes la reciben. Y ello es tan maravilloso cuando se produce en familia. No es comer en multitud. Es comer en tranquilidad con los que nos acompañan en la vida.

Merezco tanto la paz, a como el resto la merecen. Tengo el derecho a la paz, a como el resto la tienen. Paz como resultado y suma de elementos positivos, y origen de otras cosas positivas. Paz como un tesoro inmaterial, invaluable, que se debe dar y desarrollar en la frescura del momento que se está viviendo.

No siempre se tiene el plato en la mesa, y al tenerlo hemos de recordar que en ese momento no todos los hogares y personas lo están teniendo en el mundo. De manera que al ingerirla hemos de dimensionarla como una realidad que nos bendice, debe respetarse, y así consumirse; recordando y agradeciendo, al iniciar, a quienes hicieron posible que llegase a nuestra mesa; y a las manos que lo han preparado.

No importa que resulte la comida más humilde en la mesa. Pero unidos y en paz, da el sello de calidad divina.  La mejor comida que se sirve es aquella que se sirve con amor, tendrá un sabor y sazón tan distinta. Con la capacidad de reactivarnos el cuerpo y el alma. Nada más desagradable en nosotros que dar origen a discusiones, diferencias, reclamos y pleitos en ella. Paz en el contexto de; hijos, hijas, abuelos, tíos, hermanos y hermanas, padres, esposos, compañeros, etc. Es la familia. Ahí la paz es elemento vital en nuestro espacio vital, y un hecho generador de esperanza y viga constructora de unidad.

Conviene olvidar problemas, colaborar unos con otros; dejar pasar lo desagradable, pasarlos a segundo plano, en la búsqueda positiva para con los otros, y de los otros para con uno. Sea esa paz la sumatoria del conjunto, apuesta participación general; para encontrar en ese sagrado momento paz en familia. Porque “no puedes impedir que las aves de la tristeza vuelen hacia ti, pero puedes impedir que aniden en tus cabellos”, dicen los chinos.

La mesa servida, a la hora de comer, no es el lugar ni hora para traer los problemas, de reclamar, y menos aún de pelear. Es el lugar de encuentro de tus seres cercanos, tu círculo estrecho, de los seres a los que debemos nuestras alegrías; el hogar. Es ahí donde en medio de las tribulaciones hemos de buscar, en uso de nuestra libre elección, el construir un momento fraterno con los nuestros. Algo que pasa por la justa repartición de lo que se comerá entre cada comensal. Porque “el que ha desplazado la montaña, es el que comenzó por quitar las pequeñas piedras”.  

Valiendo tomar el título de la canción de Jesús Romero para construir y obtener ahí en este mundo “Paz en la Tormenta”. Dar la paz, para que nos den la paz. Cuenta no lo que se da sino el cómo se da, la manera de darlo. La mejor sazón del mundo es la comida que es preparada (como acto de amor) y se sirve y consume en paz. Un sello que tiene como cocinero y escenarios La Familia. Y la peor enfermedad no es otra que la soledad, que es el hambre del alma, el no tener a nadie. Comer en paz no es el comer solo, es el comer con otros. Es el comer sin olvidar el contacto humano; construyendo nuestras propias familias.

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