Félix Navarrete
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La decisión del presidente de la República Comandante Daniel Ortega de enviar a la Asamblea Nacional un decreto para declarar Prócer Nacional de la Paz y la Reconciliación al Cardenal Miguel Obando y Bravo, ha levantado algunas ampollas en la frágil epidermis enferma  de la autollamada oposición nicaragüense.

No es para menos. Declarar Prócer a un hombre de origen humilde, talentoso, enamorado de Dios y de los pobres, y predestinado a luchar con su liderazgo y carisma por la paz de su país, causa envidia y rechazo entre un grupo de políticos cuya contribución a Nicaragua aún sigue siendo desconocida.

Por otra parte, es la primera vez que un presidente de un país desea realizar como un acto de justicia un homenaje en vida a un hombre que ha dedicado toda su vida y su talento a conseguir la reconciliación entre los nicaragüenses a través de la palabra viva de Dios y del diálogo cívico como instrumento de mediación social.  

Primero brilló como sacerdote en Matagalpa, luego como obispo y posteriormente, ya probada su autoridad y  ministerio, como Cardenal, Obando y Bravo logró la difícil tarea de reconciliar un país que históricamente estuvo enfrentado y dividido, al borde del colapso social.  En medio de la tormenta y de los fusiles bala en boca, y de las pugnas intestinas, el Cardenal encontraba siempre una solución salomónica que evitara el derramamiento de sangre y la guerra fratricida.

¿Quién puede negar a estas alturas la presencia determinante del Cardenal en la reconciliación de su país? Nadie.

Solo una persona ciega y mezquina, incapaz de leer el lenguaje de los tiempos, pretendería obviar el liderazgo espiritual de un sacerdote que desde la evangelización  ayudó a conseguir la paz y el bienestar para su patria.

El Cardenal Obando es un nicaragüense fuera de serie que no tiene medida. Su legado es tan grande que es difícil de ocultar. Nadie puede negar su increíble aporte a la unidad de los nicaragüenses, independientemente de sus colores políticos y partidarios. Con su liderazgo espiritual y moral desafió al dictador Somoza, ayudó al Frente Sandinista a derrocar la dictadura, y estuvo presente en los momentos en que el pueblo necesitaba de su liderazgo para evitar mayores catástrofes.  

Ahí donde la intolerancia política amenazaba con hacer rugir la voz del cañón,  el Cardenal Obando era luz en medio de las tinieblas.  Ahí donde la guerra era inminente, y los disparos se escuchaban a lo lejos,  casi rechinando en sus oídos, el Cardenal, invocando a Dios, convertía el odio en amor, el desacuerdo en diálogo y el desasosiego en esperanza.

Este  papel hermoso y reconciliador es digno de un alto reconocimiento social. Nuestro presidente lo ha propuesto. Y qué mejor homenaje que declararlo en vida, Prócer Nacional. Si nos atenemos al significado de la palabra y la buscamos en la Real Academia Española, nos encontramos con una definición suscinta: trata de un hombre ilustre que es respetado por sus cualidades y disfruta de una especial consideración. Y se refiere a un político, un civil, un militar o un religioso.  A un hombre que luchó por sus ideales a favor del pueblo. El Cardenal reúne esas credenciales y muchas más.

No es necesario hacer mayores comentarios. Los prejuicios sobran. El Cardenal Obando tiene un lugar preeminente en la historia de Nicaragua. Nadie lo discute. El luchó por el más preciado ideal humano: la paz.  Entregó toda su vida a un solo y ambicioso proyecto: reconciliar a la familia nicaragüense. Y lo hizo con amor, con la palabra de Dios, conquistando almas para el reino de la paz. No hay prueba más grande de amor que  buscar la reconciliación entre hermanos. Solo recuerdo aquella frase de San Juan de la Cruz que solía repetir el Cardenal en algunas de sus homilías: Al final de la vida todos  seremos juzgados por el amor.  Dios pedirá cuentas de nuestro amor al prójimo.

Este es el verdadero juicio.

Por eso la decisión del presidente Ortega es muy sabia e históricamente acertada. El Cardenal Obando es un nicaragüense que merece el más alto reconocimiento. Un reconocimiento y un acto de justicia para alguien que dio amor sin pedir nada a cambio.

Managua, 1 de marzo de 2016.
 Email: felixnavarrete_23@yahoo.com

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