Augusto Zamora R.*
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De manera sorpresiva, un juez brasileño ordenó la detención del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, enviando 200 policías y 40 auditores de hacienda a la casa del expresidente. Un despliegue policial disparatado, con evidente deseo de crear escándalo.

Al igual que en Argentina, las fuerzas de izquierda vienen sufriendo desde hace años una arremetida brutal de la derecha, atrincherada en juzgados, comisarías y prensa.

La operación contra Lula —en libertad cuatro horas después—, respondería a una ofensiva para arruinar la imagen del exsindicalista, posible candidato presidencial en 2018.

En Argentina, la ofensiva contra Cristina Fernández y su partido fue dirigida por el grupo Clarín, cuasi-monopolio mediático en Argentina y donde trabajó Mauricio Macri.

En Brasil, esa tarea la realiza el grupo Globo, equivalente brasileño de Clarín.

La campaña contra el Partido de los Trabajadores y sus dirigentes se hace más clara con un dato: políticos de partidos derechistas señalados repetidamente, desde hace años, en el caso de corrupción de Petrobras, no han sido citados por ningún juez. Menos aún se han enviado 200 policías a sus casas, para investigar las denuncias.

A Lula le investigan hasta la calderilla. Al presidente del Senado, de derechas y varias veces señalado por corrupción, nadie le investiga nada. 

Al parecer, se quiere intimidar a Lula. Han conseguido lo contrario. En conferencia de prensa, luego de la detención, Lula declaró: “Han vuelto a encender en mí la llama, la lucha continúa”. Efectivamente.

az.sinveniracuento@gmail.com

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