Editorial
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Entre los 12 países que hoy forman el Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica (TPP) existe la convicción de que este se convertirá en el bloque comercial más importante del mundo. Parece lógico si partimos de que los asociados representan el 40% del Producto Interno Bruto mundial y juntos forman un mercado de 800 millones de personas.

Nicaragua ha señalado su interés de ingresar a ese acuerdo internacional, que aglomera a países de tres continentes en los ámbitos de negocios e inversión, y que fomenta la ciencia, la tecnología y la cooperación.

Consideramos oportuno que Nicaragua quiera incorporarse al TPP. De entrar, el país deberá establecer una estrategia económica integral para mejorar la calidad de sus productos y su competitividad, para convertirse así en una opción para la inversión extranjera, y para obtener los máximos beneficios posibles de acceder a nuevos mercados como son Asia y Oceanía.

Para comprender mejor esta aspiración de las autoridades de Nicaragua, que insistimos debe ser respaldada por el sector empresarial, basta con recordar dos factores que han distinguido a nuestro país en los últimos años: el primero es que se ha convertido en una creciente plataforma de inversión, producción y exportación, atrayendo a empresas de diferentes continentes, en especial de Asia, que operan bajo el régimen de zona franca; y el segundo es que su Producto Interno Bruto (PIB) ha sido de los más dinámicos en América Latina.

La inserción de Nicaragua en este acuerdo de naciones de Asia, Oceanía y América, que se propone eliminar entre ellos los impuestos a la importación y exportación de bienes y servicios, además de igualar las regulaciones a la propiedad intelectual y los derechos laborales y ambientales, le daría a este país oportunidades de negocios más amplias y diversas, y nuevos conocimientos en la medida que acceda a tecnologías e innovaciones de los otros socios del TPP.

Consideramos que vale la pena asumir este reto. Una vez más, los empresarios y el sector público deben actuar coordinados y con pragmatismo, pensando en el futuro del país y en las nuevas generaciones. Los primeros pasos ya están dados, la economía nicaragüense es una de las más prometedoras, entre las emergentes, en Latinoamérica. La estabilidad, la seguridad y las garantías que puede ofrecer esta nación a la inversión nacional y extranjera, son claves para lanzarse a una competencia comercial mayor.

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