Ana Avilés* y Ana Celia Tercero**
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Cuando se leen noticias o artículos académicos relacionados con la gestión de los riesgos ante desastres, es común encontrar que las mujeres son vistas en dos roles extremos, uno de víctimas y otro virtuoso. Inclusive, estos roles pueden encontrarse en muchas estrategias de intervención de proyectos de desarrollo que trabajan la temática de reducción de riesgos a desastres.

El rol de víctimas es comúnmente argumentado por las afectaciones que dejan los desastres a los medios de vida de las mujeres. Generalmente, su situación de vulnerabilidad ante los desastres y sus estrategias para enfrentarlos varía según la edad, el número de hijos e hijas o la situación económica. Adicionalmente, se afirma que las mujeres y las niñas ocupan un lugar especial de vulnerabilidad en aquellos contextos donde se tolera la discriminación y la violencia de género. Por ejemplo, la sistematización de un proyecto de gestión de riesgos ante desastres basados en la prevención de la violencia de género, en 21 comunidades del municipio de El Viejo, Chinandega, evidencia cómo en comunidades afectadas por inundaciones, se incrementa la incidencia de la violencia de género y los abusos sexuales, debido a que los desastres implican, entre otras situaciones, una carga adicional en el suministro de agua y alimentos para los hogares. 

En algunas de estas comunidades, mujeres y niñas recorren grandes distancias para poder cumplir con los roles reproductivos que socialmente se les ha asignado; en el trayecto ellas corren el riesgo de ser víctimas de violencia sexual y, en algunos casos, sus parejas las agreden física y emocionalmente por no cumplir con las tareas ligadas a la alimentación de la familia en tiempo.

Sin embargo, la imagen de víctimas, merma su capacidad de verse como sujetas tan activas como los hombres. En muchas iniciativas de desarrollo sobre la gestión de riesgos ante desastres, las mujeres son relegadas a asumir tareas relacionadas al papel reproductivo, tales como la responsabilidad de cuidar a los niños y niñas y las personas mayores, preparar los alimentos de las personas en los albergues o encargarse de la limpieza e higiene en los locales de refugio.

El otro rol extremo, el virtuoso, está relacionado a todas aquellas cualidades que se atribuyen a las mujeres como las únicas salvaguardas del bienestar de la familia, de los recursos naturales y de asumir la mayor parte de las tareas de cuido en la gestión de los riesgos ante desastres. Esa imagen solo contribuye a feminizar responsabilidades, a recárgalas de trabajo, sin ninguna compensación.

Es necesario desmitificar que las mujeres no pueden asumir roles estratégicos ante los desastres o que solo ellas pueden o deben asumir todas las problemáticas sociales de las familias y de las comunidades. Se trata de promover un rol estratégico sin recargarlas de trabajo. El proyecto que se ha mencionado anteriormente, podría fungir como referencia, ya que, se enfoca en fortalecer el liderazgo de las mujeres en las comunidades, informándolas e integrándolas por ejemplo a los Comités Locales de Prevención, Mitigación y Atención de Desastres (Colopred), en los cuales se promueve que ellas tengan funciones en la administración de albergues, en el control de las bodegas, son entrenadas para dar primeros auxilios, en el levantamiento de la estadística socio-económica de afectación en una comunidad ante desastres y a que formulen y presenten demandas de sus comunidades ante cabildos municipales. A la par, el proyecto trabaja con los hombres de estas mismas comunidades en la construcción de una nueva masculinidad, 
la distribución de los liderazgos comunitarios con las mujeres y se les sensibiliza para que tengan y promuevan relaciones de igualdad y respeto con las mujeres.

Vale la pena replantear las estrategias para involucrar a las mujeres en la gestión de riesgos. La inclusión tanto de las mujeres como los hombres como participantes activas y activos, es una manera de evitar caer en estos estereotipos.

* Investigadora del Instituto Centroamericano para el Desarrollo de Capacidades Humanas.
** Directora de la Asociación para el Desarrollo Integral de la Mujer.

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