Esteban Solís R.
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Es otra gran noticia. El presidente Daniel Ortega anunció a través de la primera dama, Rosario Murillo, que Nicaragua solicitará su ingreso a corto plazo al Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica (TPP por sus siglas en inglés) en el que están involucrados unos 12 países inmersos en una de las regiones más pujantes y dinámicas del mundo en términos económicos. ¿Acaso no es una buena noticia que nuestro país quiera ser parte de una alianza que supone un tercio de las exportaciones mundiales, que representa alrededor del 40% del PB mundial y un mercado de 800 millones de personas? Es obvio. Este tipo de noticias pudo acaparar los títulos de los medios de comunicación de todo el país, sin embargo, no todos lo hicieron, quisiera creer que no entendieron la trascendencia de lo que Ortega pretende para Nicaragua.

Integran este bloque económico los Estados Unidos, uno de los que promovieron la iniciativa hace varios años, Japón,  Australia, Nueva Zelanda, Malasia, Brunei, Singapur, Vietnam, Canadá y los latinoamericanos, México, Perú y Chile. He leído que Taiwán, Filipinas, Laos, Colombia, India y la China Nacionalista han mostrado interés en asociarse a este conglomerado que entre otras cosas persigue rebajar las barreras comerciales, el establecimiento de un marco común de propiedad intelectual, reforzamiento de los estándares de derecho del trabajador y derecho ambiental, producción agrícola, aduanas, bienes industriales, textiles, infraestructura, telecomunicaciones, así como medidas sanitarias y fitosanitarias. Es una oportunidad que deben estudiar los empresarios y los trabajadores nicaragüenses y otros sectores que son parte fundamental de la actividad económica del país a quienes el Gobierno les ha enviado una propuesta para su evaluación. Hay que estar bien claros que estamos frente a la posibilidad de ingresa
r a un convenio de última generación cuya región moviliza un tercio del comercio internacional y que es consistente con la apertura de esta administración al comercio mundial. 

El TPP ha sido criticado por centrales sindicales y organismos no gubernamentales de los países miembros del acuerdo por un supuesto secretismo que ha rodeado a las conversaciones que empezaron hace seis años, porque según alegan, es una seria amenaza para los derechos laborales o que encarecerá el acceso a medicamentos genéricos. Quizá haya poca información al respecto aunque no conozco la letra del documento  firmado recientemente en Nueva Zelanda por los delegados de los gobiernos  aliados, el titular de exteriores de Chile, Heraldo Muñoz, uno de los firmantes, reafirmó que en las negociaciones se resguardaron con firmeza los sectores más sensibles, en el caso de su país, tras negar que con la entrada en vigor del convenio se puedan generar alzas en los medicamentos.

Gigantes como China, que había empujado las economías de varios países de América Latina como México, Chile y Perú, ahora en el TPP, ha desacelerado sus importaciones de materias primas obligando a diversificar sus exportaciones. No hay que obviar la estrepitosa caída de los precios del petróleo que ha golpeado con dureza economías hasta hace un par de años estables y vigorosas.  No es casualidad entonces, que otros países como  Taiwán, Filipinas, la India y la propia China, estén interesados en hacerse miembros de esta alianza económica. Pero también es una gran verdad que China, líder del Foro de Cooperación Económica de Asia y Pacífico (APEC)  y Estados Unidos, promotor del TPP, rivalizan por la hegemonía en el Pacífico, no obstante, ambos tratados podrían ser compatibles comercialmente hablando si tomamos  en cuenta que los propios Estados Unidos, Japón y Canadá, por mencionar a algunos países, también son parte de APEC que agrupa a países que suman el 40% de la población mundial, el 54% de su producción 
económica y el 44% del comercio internacional. Son dos acuerdos asentados sobre bases bien sólidas que podrían redefinir a mediano y largo plazo las economía de las potencias, abrir nuevas perspectivas a los  países emergentes y de paso empujar las economías más pequeñas como la nuestra.

Rosario Murillo recordó que Nicaragua debe seguir abriendo mercados, buscar nuevos espacios de comercio en el mundo para generar iniciativas de trabajo.

*Periodista

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