Orlando López-Selva
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Si hay una nación aliada y protegida, hasta la muerte, por los países occidentales, es Israel.

Y si Irán ha decidido, en firme, lanzar cohetes balísticos con un alcance de 2,000  kilómetros, teniendo como objetivo a Israel, queda en dudas la verdadera vocación de paz del régimen de Teherán.

¿Irán actúa así deliberadamente o esta acción debe desligarse de sus muestras de buena voluntad plasmadas en el acuerdo firmado en Viena con Occidente para poder seguir adelante con su programa de energía nuclear con fines pacíficos?

¿Qué saldrá diciendo el mesurado e inteligente canciller iraní Javad Zarif, en defensa de su país?

Si la diplomacia de Teherán fue tildada de eficiente y exitosa, esta acción militar paralela de lanzar cohetes, y decir que serían usados contra Israel, ha sido un error extremo que entierra cualquier adjetivación positiva reciente.

Despierta viejas suspicacias.

En el Medio Oriente, pocos soportan a Israel; lo quieren destruir. Es una verdad con la que hay que convivir.

Pero es una posibilidad que la diplomacia occidental debe siempre descartar.

Este lanzamiento debilita la confianza que se le tenga al régimen del Primer Ministro Rouhani, que puso “su rostro más bondadoso” para que los  europeos creyeran en sus buenos propósitos y le permitieran usar energía nuclear con fines pacíficos.

El primer Ministro israelí Benjamin Nethanyahu, antes de las negociaciones con Teherán, fue visto como un atormentado guerrerista, desconfiado de la diplomacia pura. Ahora lo vemos con otros ojos, asumiendo que Israel nunca estuvo equivocado. (¡Los equivocados fuimos los que defendimos la opción diplomática!).

Irán no tiene necesidad de imitar a Corea del Norte en su intolerable actitud de estar lanzando, indiscriminadamente, cohetes para intimidar a sus vecinos.

¿A dónde quiere llegar el régimen iraní con esa bravuconada militar que solo le ganará la desconfianza para sí?

Acaban de salir de un largo período de sanciones económicas y financieras que postraron su economía. Se pondrían otra soga al cuello. ¿O están jugando a tantear la elasticidad de la tolerancia del presidente Obama?

Las declaraciones iraníes son inequívocas:

“El motivo por el que diseñamos nuestros misiles con un rango de 2,000 kilómetros es para ser capaces de alcanzar a nuestro enemigo, el régimen sionista, desde una distancia segura”, dijo el general de brigada Iraní Amir Ali Hajizadeh a la agencia ISNA”.

Ello refleja mucha irresponsabilidad. Es una provocación que, en primer lugar, le daría fácil luz verde a cualquier respuesta militar israelí; además que minimiza las perspectivas de paz en el Oriente Medio y zonas aledañas.  

Se le complicarían más las cosas a Obama y la Unión Europea. Irán ya no sería, en absoluto, confiable.

Ya Arabia Saudí, Turquía, Siria, Iraq, Yemen, Israel-Palestina, son puntos lo suficientemente encendidos como para creer ingenuamente que Irán enterraría sus viejos odios antijudíos. Teherán ya había intentado hace poco crispar la paciencia de los saudís al violentar su sede diplomática en Riad. Pero las cosas no pasaron a más.  

En el contexto electoral norteamericano, una acción provocadora así de Irán, justificaría a cualquier candidato republicano extremista.

¿Qué acciones posteriores tomará Irán? ¿Cómo actuará Israel, que ahora se justificaría al tomar sus propias acciones militares “inconsultas?”. ¿El Pentágono considerará la fuerza para contrarrestar al régimen de Teherán, sabiendo que en época electoral, Washington evita acciones militares?

Siempre la diplomacia sigue siendo una opción, pero ya nadie  podría dormir tranquilo. La opción militar resurge contra el que quebrante la confianza occidental colectiva.

¿Cuánto durarán las rivalidades inveteradas de esta zona candente del planeta donde turcos y griegos no se soportan; tampoco iraníes y saudís; iraquíes e iraníes; y palestinos e israelíes?

Los iraníes se jactan de estar haciendo elecciones en las que ningún espacio político está en juego para los opositores. ¿Bajo qué tipo de parámetros? Pero mientras se alimente el odio, el rencor y la venganza contra Israel, no podrán nunca tener la complacencia occidental para traducir sus sentimientos en acciones desestabilizadoras y peligrosas.

El mundo no puede vivir atemorizado por las amenazas de un cataclismo mayor. La  esperanza debe tener durabilidad, no ser solo una pausa mientras llega la hecatombe.

Esa región del planeta necesita impulsar un plan de seguridad colectiva regional. Ese es el foco de tensión que más amenaza a toda la humanidad.

En defensa de la seguridad de su Estado, Israel ha causado daños colaterales, a la población civil árabe, al combatir a grupos terroristas refugiados en Palestina. Es lamentable y reprochable. Pero ningún estado Occidental dudaría en defender a Israel si fuere atacado.

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