Jorge Isaac Bautista Lara
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Permitan contarles algo de los estudiantes de Medicina a propósito de las Prácticas de Universidades Privadas en los Hospitales Públicos: “Manos Milagrosas” es el título, traducción al español, de la película biográfica del Dr. Benjamin Salomon Carson (“Ben Carson”), considerado uno de los más respetados y hábiles neurocirujanos de la historia.

Cuando joven creció sin muchas oportunidades al ser hijo de una mujer de raza negra y analfabeta en Estados Unidos. Llegando a ser en primaria uno de los peores alumnos de su clase; sufriendo acoso y humillación en un colegio de blancos. Su madre le repitió sin cansancio una frase que nunca olvidó “Tú puedes hacer las cosas igual que los otros o mejor”. Ben Carson logró la excelencia de coordinación “mano-ojo”, indispensable en neurocirugía, además de la excelencia en el razonamiento resolviendo problemas. Como profesional fue el primero en realizar una operación intrauterino (feto dentro del útero) por hidrocefalia fetal; una “hemisferectomía” (extraer la mitad del cerebro) para ayudar a muchos a llevar una vida sana y normal; en realizar una separación de gemelos siameses alemanes, 7 meses, con resultado positivo. Los anteriores fracasaron.

En Nicaragua los exámenes para clasificaciones de Medicina en la UNAN-Managua y la UNAN-León; los aspirantes pasan meses estudiando, buscando condiciones que les permitan clasificar y ocupar uno de esos bellos cupos; asuntos presupuestarios y de capacidad en planta, docentes e infraestructura. Los que no lo logran recurren a universidades privadas con apoyo económico de sus padres. Sucediendo numerosos y dramáticos casos de padres de familia que hacen de indecibles sacrificios para que sus hijos estudien y terminen su carrera pagando. Esto requiere una alianza padres-hijos, además de las universidades, integrando el componente y apoyo de Estado y Gobierno para lograr su cometido. Alianza con mutuos beneficios; pues el Estado requiere de esas manos y talentos para completar la ingente necesidad de “manos a la obra” en los centros médicos para atender a la población, y el estudiante por su parte aprende. El estudiante de Medicina requiere además de disciplina; estudiar, estudiar y estudiar. Con libros de textos superiores a 400 páginas. Donde el ejercicio de lectura, siendo intenso, resulta insuficiente. Ser estudiante de Medicina requiere capacidad y tesón para no rendirse; contestarse positivamente, constantemente, a la pregunta de si se tendrá la fuerza suficiente para continuar. Es carrera de angustia, desvelo y llanto. Ahí sale a flote la necesidad de tomar el pulso a la “pasión” por lo que se estudia. Porque Medicina es una carrera de resistencia. Es aprender a auscultar, suturar, poner sonda, canalizar, intubar, atender urgencias, asistir correctamente una cirugía, soportar con estoicismo el internado, desvelos, de saber diagnosticar con tratamiento adecuado, de constante actualización de conocimientos, de dar con paciencia y humanismo consultas a decenas de pacientes, etc. Donde la base y fin es sentir vocación y amor por lo que se hace: es tener Actitud. Es sentir que vale la pena el sacrificio para salvar vidas; es trabajar y luchar para dar una segunda oportunidad a la vida. Es ser un guerrero blanco; que desde estudiante van dejando la propia salud entre libros y pasillos de hospitales, donde no se queda libre ni al dormir; el oficio les sigue. Ahí se trabaja con dolor ajeno, y se aprende a manejar ese dolor. Porque si quieres ser médico y no tienes vocación, aquí se descubre, y se está a tiempo de retirarse. Es el caso de algunos médicos que en la vida profesional, a como pasa en todas las carreras, demuestran incompetencia. Es una relación de práctica médica, piedra angular y cimento del médico, entre médico-paciente. Es valorar ante todo la salud del paciente, a quien se debe lealtad y conocimientos científicos, a la obligación de mantener la ética de la confidencialidad.

Platón dijo: “El mayor error que los médicos cometen es intentar la curación del cuerpo, sin intentar la curación del alma. . . alma y cuerpo son uno y no deberían ser tratados separadamente”.

Para Galeno (129-199  d.C); “un médico excelente también ha de ser un filósofo”. Y parte sustancial de ese sello de filosofía y ética humana y social la imprime, la ha impreso, la educación dentro y desde las instituciones del Estado en sus hospitales. El Estado no puede renunciar a acoger a quienes tienen vocación de servicio, a la oportunidad y derecho de enseñar a servir al pueblo; a dar el toque de calidad humana del servicio a la comunidad de los futuros médicos. Porque llegar a ser médico no es ser Dios, es “tener el privilegio de ser instrumento de Dios”. Hagamos posible buscar y construir nuestras propias “Manos Milagrosas”, colaboremos en ello como Gobierno.

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