Lesbia Espinoza Gutierrez
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Desde su fundación, la escuela internacional Pierre y Marie Curie ha venido realizando cada año sus campamentos “Ara macao” (lapa roja) denominado así en homenaje a esa ave que si bien no está en peligro de extinción, sí está en estado de alerta o de cuidado, por su comercialización y maltrato.

Para nadie es un secreto la enorme responsabilidad que conlleva el andar con muchachos ajenos y sobre todo con tantos. A veces hasta 70 chicos y chicas en total. Pero el cuido que los maestros y maestras dan a estos campamentos, mejor dicho a los niños, es indecible. Entrega esmerada que habla de la verdadera vocación de esos maestros y maestras. La recompensa facturada  en los abrazos, los cariños, el respeto, la confianza y camaradería de las y los muchachos es el regalo más grande para estos educadores.

En los campamentos “ara macao”, los chicos aprenden situaciones de sobrevivencia; caminatas de acuerdo a su edad, pues los campamentos los hacen gozosos y voluntarios en su gran mayoría. Desde primer grado hasta el sexto año de bachillerato. Cargan su agua, algunos todavía cargan sus juguetes en esas caminatas y exploraciones.

Aprenden a compartir las 24 horas del día por 3 días y sus noches consecutivas.

Aprenden la importancia de comer sano (nada de bebidas ni comidas chatarras) y a cuidar nuestro hábitat. Optimizan.

Hacen uso racional del agua, esencialmente para tomar y la justa para una limpieza corporal. No hay duchas eternas de las que hasta conciertos y óperas enteras se cantan en el baño. Observan detenidamente los ruidos de la naturaleza (el mar, el canto, color y tamaño de los pájaros, monos, cangrejos, etc.).

Las jornadas inician a las 5:30 de la mañana para sus ejercicios matutinos, luego una pequeña caminata y después a desayunar, algunos opíparamente. Luego sigue el día y parte de la noche con una agenda interesante (tesoro escondido, manualidades con elementos de la naturaleza recopilados por ellos). Las veladas culturales donde se van descubriendo y forjando los talentos. Serenata si  algún o alguna cumple años. En fin, estos campamentos son un verdadero aprendizaje del libro abierto de la naturaleza.

Este año los campamentos Curie estuvieron repartidos en bellos parajes y escenarios de Nueva Segovia, Río San Juan y San Juan del Sur. Es una manera también de conocer el suelo patrio y prodigarle amor.

Para nadie es un secreto la cruda realidad  de la escasez de agua por los pésimos o casi nulos inviernos ocurridos en los últimos cuatro años. Producto de ello, los monos en el sur de Nicaragua están muriendo, especies de flores y árboles han desaparecido en el norte y especies marinas han desaparecido o mermado su procreación. El daño del medio ambiente producto de la falta de lluvia y de los malos manejos humanos de los recursos naturales han hecho y están haciendo mella, cada día más.

Por eso y más, comparto la alegría del espíritu e insistencia de autoridades y fundadores de esta escuela de aprender en el libro abierto de la naturaleza. No dudo que las huellas de la semilla sembrada para siempre en todas y todos los chicos CURIE, dará sus frutos por una mejor  Nicaragua.

*Periodista Cultural-Educativa.
lesbiae@hotmail.com

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