Juan Alberto Henríquez Oporta
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Con la muerte de Domingo  Sánchez  Salgado (Chagüitillo), se va extinguiendo   en Nicaragua, el liderazgo de izquierda. Este personaje nos deja un recuerdo imperecedero a los políticos de izquierda, a los empresarios, terratenientes, a los  periodistas parlamentarios y sindicalistas. Fue uno de los dos grandes del partido socialista junto con Domingo Vargas, un analista, charlista, historiador, un hombre que llegaba a las mentes de sus oyentes, en cambio Chagüitillo era un orador de multitudes, anecdotario que hacía vibrar las manos y él decía que no era dirigente del partido. Tanto el uno como el otro fueron de la generación de dirigentes  obreros, analistas, hacedores de sus propias cosas, cultos, es decir, intelectuales,  a quienes había que escuchar para aprender de ellos Igual que Roberto  González, los hermanos Juan y Augusto Lorío, Francisco Hernández Segura, quizás Elí Altamirano y los aún vivos Onofre Guevara, y de los “cumiches” Luis Sánchez Sancho. Una generación que no tuvo títulos universitarios, pero su  práctica social, sus cursos en la URSS, la lectura y el autodidactismo, los hizo  autoridad en temas como Reforma agraria, unión centroamericana, “ultra-izquierdismo” y diversos temas culturales.

El Profesor Julio Gómez Mejía, uno de los fundadores de los sindicatos de  maestros, por instrucciones del Partido Socialista bromeaba con Domingo  Sánchez diciéndole: “Nunca  olvidás  tu práctica  de  sacristán  en  Matagalpa, pues  siempre  tirás  la  mano  como  agitabas la campanilla durante la misa”, a lo cual él respondía: “En la época en que me conociste era dialéctico, materialista y ateo.

En los barrios Open 3 y Bella Cruz de Managua, Sánchez promovía las juntas  comunitarias y para sostener su lucha contra los terratenientes, se vendían bonos  y se imponían cuotas semanales que no gustaban a los estudiantes y a sus amigos locales que buscaban la integración a la lucha armada. Lo acusaban de  quedarse con una parte del dinero.

Después del terremoto de 1972, en la fundación de Las Américas y Ciudad Jardín (Huelga por las 48 horas), Sánchez apareció como dirigente del sindicato de Armadores, albañiles y similares (SCAS) y gustaba de ponerse un casco que usaban los ingenieros, esto fue pretexto para acusarlo de “vendido” a la patronal y de negociar con el Gobierno y los patrones por la vigencia de la jornada laboral de 60 y no de 48 horas.  

Después del 19 de julio de 1979 promovió la unidad de toda la izquierda alrededor del proyecto del FSLN y decía a los dirigentes de las organizaciones de  izquierda: “solo ustedes faltan”. El FSLN lo ubicó en otro momento como sucesor de Omar Cabezas en los CDS, pero su actitud independiente sin dejarse someter a lo que se llamaba “Dirección Nacional ordene”, le hizo durar poco tiempo en esa labor.

En otro momento en que un sector de la izquierda se revelaba en contra del Frente Sandinista, se detuvo a los promotores de huelga en los planteles de  trabajo, la policía capturó a Allan Zambrana en el propio Consejo de Estado; le pregunté como periodista en mi unidad móvil, su opinión sobre este hecho, a Domingo Sánchez, quien a esas alturas era diputado. Él me respondió: “Quien  mal  anda, mal  acaba “.

Domingo Sánchez Salgado fue padre de dos buenos amigos míos, Efraím  Sánchez Sancho, dirigente del FSLN en la clandestinidad y compañero de “aventuras” políticas hasta su muerte y de Luis Sánchez Sancho, a quien le serví de cobertura cuando militaba en la izquierda.

*Periodista.

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