José Pascual Ortells Chabrera
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En mayo de 1911 comenzó a circular desde París el primer número de Mundial, bajo la dirección literaria de Rubén Darío y la dirección artística de Leo Merelo. Al año siguiente la revista organizó una gira de los directores para ampliar su presencia en España y Latinoamérica. En la etapa de Barcelona, entre otras actividades, Darío visitó el Instituto de Estudios Catalanes. Con una trayectoria de más de cien años, en la actualidad el Instituto es uno de los principales centros de investigación científica y cultural de Cataluña.

Existe una foto de esta visita, publicada en varios portales de Internet, indicando que apareció en el número de Mundial magazine correspondiente a junio 1912, disponible en:

http://hemerotecadigital.bne.es/issue.vm?id=0004286397.

No se trata de una “instantánea”, sino de una foto con un orden jerarquizado; por ejemplo como en el lienzo de la familia de Carlos IV, pintado por Goya. En primer plano figuran -de izquierda a derecha- Antonio Rubió i Lluch, primer presidente del Instituto, y Rubén Darío, director artístico de Mundial. En segundo plano aparecen José Puich i Cadafalch, Federico Rahola, Eugenio d’Ors y Miguel Santos Oliver, miembros del instituto.

Aparte de la amistad con los fundadores, a quienes menciona en su autobiografía, Darío era consciente de la importancia de la emigración catalana en Latinoamérica, sobre todo en Uruguay, Argentina y Puerto Rico, así como en la República Dominicana y Cuba, donde el dueño del diario El Fígaro, en el que Darío publicó varios artículos, era catalán. En Cuba la colonia catalana, aunque no muy numerosa, tuvo gran influencia, y hoy se advierte hasta en la gastronomía con comidas como la escudilla, del catalán escudella. Además se publicó un periódico en castellano y catalán, llamado -no por casualidad- Els Almogavars, soldados catalanes que lucharon contra los turcos y fundaron los ducados de Atenas y Neopatria, donde conservaron la lengua y adaptaron a su nueva realidad las instituciones de gobierno propias de Cataluña.

Hedelberto Torres identifica a Rubió i Lluch con el académico que visitó en Barcelona a Rubén Darío, donde desembarcó al llegar a España en 1898. Darío lo menciona en una crónica a La Nación: “He recibido la visita de un catedrático de la Universidad, persona eminente y de sabiduría y consejo…” En efecto, Rubió i Lluch prefería visitar a sus amigos más que asistir a las tertulias, frecuentes en su época.

Además de académico, Rubió i Lluch fue corresponsal de varios periódicos latinoamericanos y siempre le interesó la literatura latinoamericana; como Darío, tuvo cargos diplomáticos, fue cónsul de Ecuador, Colombia y en especial de Grecia. Rubió i Lluch había apoyado en su juventud la causa cretense por independizarse del imperio otomano. Con tal motivo propuso a Prat de Riba que, “en nombre de la patria catalana”, dirigiera un mensaje de solidaridad con la isla helena. Por el paralelismo que establecía entre Creta y Cataluña, el “Mensaje a Jorge I, rey de los Helenos”, constituye el primer documento oficial del catalanismo.

El principal aporte de Rubió i Lluch es su obra como medievalista; en este sentido, es un exponente del positivismo en la crítica literaria, así como en la historia y en el estudio del derecho, contribuyendo a fijar la existencia del catalán como lengua independiente, desde el siglo XIV. Editó “Curial y Güelfa”, la primera novela catalana, escribió sobre la obra de Ramón Llull, a quien Darío celebra en la Epístola a madame Lugones, y sobre todo editó la obra “Documentos para la historia de la cultura catalana medieval”.

En una detallada reseña del homenaje a Marcelino Menéndez Pelayo, publicada en La Nación y en España contemporánea, Darío presenta a Rubió i Lluch como un “eminente amigo mío” y traza un paralelismo en la vida de los dos eruditos académicos: conservadores, apasionados de los mismos temas y tesoneros investigadores. Darío refiere que, según le había explicado su amigo, este sufría ceguera progresiva a raíz de un desprendimiento de retina que sufrió en Grecia, cuando investigaba en los archivos históricos sobre los almogávares. Así y todo hizo otros dos viajes, uno a Grecia y el otro a Italia, con los que recopiló numerosos documentos sobre el catalán medieval.

Rubenia 16/03/2016.

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