Orlando López-Selva
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El presidente Vladímir Putin ha anunciado formalmente el retiro de parte de las tropas rusas en Siria, que desde octubre de 2015 han permanecido combatiendo al lado de Bashar Al-Assad.

En política no todo lo que se publica es cierto, ni todo lo oculto es trama. Se acostumbra a lanzar una imagen --difusa o colorida, según el momento--, no para revelar sino para inducir. Pocas veces la verdad se alude. Siempre hay una estratagema, un desvío de atención, un interés oculto, una táctica. Una cortina de humo.

La noticia del retiro de tropas rusas es desconcertante. Sobre todo viniendo del Kremlin. Otras potencias tampoco variarían mucho si estuvieran en esa misma posición.  

¿Cómo se puede interpretar tal anuncio?

Todos conocemos los antecedentes: 1) Moscú no entró solo para fortalecer a Al-Assad que estaba siendo arrinconado por los embates de los rebeldes de la oposición, ISIS y Al Nusra. Lo hizo para debilitar las posiciones de los rebeldes apoyados por Occidente. Y cuando ISIS derribó el avión comercial ruso, Moscú amplió sus objetivos de ataque. 2) Proteger a Al-Assad es una causa perdida. ¿Quién entre las naciones occidentales lo defendería? 3) La guerra es costosísima en términos financieros; además que desgasta y corrompe el poder del interventor. 4) Al atacar, como objetivo paralelo, a los rebeldes demócratas, Putin no está granjeándose la simpatía de nadie. Siempre ha sido así. Moscú no hace aliados con base en valores sino en intereses antioccidentales (Error. Rusia está entre dos aguas. ¡Pero de este lado podría ser mejor acogido!). 5) Por otra parte, hay una cuestión de moralidad. Mientras el canciller ruso Sergei Lebrov se sienta en Ginebra a negociar una solución diplomática, los aviones rusos no debería
n seguir bombardeando objetivos civiles en Aleppo. Hoy todo se sabe… por lo menos en los países occidentales.

El punto es que parece que Putin está abandonando a su aliado Al-Asad… ¿Bajo qué condiciones?  

Ya lo habíamos dicho en un artículo anterior: “Al-Assad no es confiable ni tiene mucho crédito porque está dejando un país destruido (un Estado fallido), una nación empobrecida y ruinosa. No representa sino un gobierno opresivo y de profundos y largos odios sangrientos”. Solo la posición geoestratégica tiene valor. 

¿Cuánto se ha deteriorado el objetivo primordial como para que Rusia decida no seguir defendiendo a un enemigo incierto, autodestructivo, y de pocas concesiones?

Después de todo, Al-Assad solo podría sobrevivir si se marcha al exilio; pero nunca para sostener un liderazgo sustantivo y fuerte que le asegure proteger y defender los mejores intereses de Putin.    

Moscú debe estar pensando en un sustituto que tenga una opción más consensuada (un líder moderado y militar) que sea confiable a los intereses estratégicos de la potencia eslava. Además, sabe que en las negociaciones que se llevan a cabo en Viena entre opositores y oficialistas, Rusia deberá lucir congruente ante los ojos occidentales con quienes gusta codearse y regodearse.

Tampoco Putin es visto por su rival, China --¡el otro tigre exitoso de la misma colina!--, además, es percibido con desconfianza por Bruselas y Washington luego de sus actuaciones en Crimea y Siria. Ello lo ha llevado a padecer sanciones por Occidente. Y estas, económicas y financieras, han desgastado al Kremlin, pues no se puede liderar en pobreza prolongada. 

Rusia está postrada económicamente. Aislada tras sus muros de hielo. 

Al-Assad debe estar aterrorizado. ¿Lo abandona el único amigo que tiene? ¿Todos los dictadores llegan a este ocaso impostergable de soledad infernal? Aunque creo que Putin sí le ofreció una salida decorosa. 

Moscú pudo haber perdido la confianza total, pero nunca abandonará el territorio sirio o lo que quede de él. Su objetivo es evitar que Siria se fraccione. Y está obligado a minimizar gastos y maximizar ganancias. 

¿Qué más se puede esperar en Siria?

Putin es astuto. En cualquier momento podría convertir un desacuerdo en alianza. Detesta ser ignorado por Occidente.  Aunque  europeos y norteamericanos los recelen profundamente. 

Desde Occidente se exige a los aliados lejanos que cumplan con sus estándares. Pero hay una doble moral: Arabia Saudí, los Emiratos Árabes, China, son medidos con doble rasero. Se les acepta disimuladamente; poco se les exige. A los menos simpáticos se les cuestiona y se les exige ajustes. Pero, Obama cambió eso con Cuba.

El modus operandi de Putin consiste en maniobrar moviéndose en varias direcciones a la vez. Habla poco y hace mucho. Desconcierta.  

Solo se puede intuir lo que hay detrás de esa movida de Putin en Siria.  

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