Adolfo Miranda Sáenz
  •   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Los triunfos de Donald Trump y Hillary Clinton el pasado martes confirman las proyecciones que comentamos hace quince días: se ve venir una contienda entre Trump y Clinton. Nada está aún asegurado, pero esa tendencia es  difícil que cambie.

Trump le ganó en su propio Estado al senador de origen cubano Marco Rubio, quien quedó fuera de la competencia. Lo más humillante para Rubio fue que no ganó en ningún distrito electoral, excepto en Miami. Es que la Florida no es mayoritariamente cubana, ni siquiera latina, como a veces se cree. La mayoría de ciudadanos de la Florida son blancos no hispanos, seguidos de los negros y en tercer lugar los latinos, y dentro de estos hay muchos portorriqueños en el Centro y muchos mejicanos, salvadoreños y sudamericanos en el Norte. No hay que confundir la población ni la opinión prevaleciente en Miami --ciudad básicamente cubana-- con la del Estado de la Florida. 

Marco Rubio fue electo senador para representar a la Florida en el Capitolio de Washington; algo que le supondría un alto nivel de simpatías. Pero él  llegó a ese cargo gracias al apoyo del exgobernador del Estado, Jeb Bush, a quien después Rubio traicionó negándose a apoyarlo como precandidato republicano a la presidencia, lanzando su propia precandidatura; algo no bien visto por muchos. Además, Rubio solo ha destacado en el Senado por su fama de faltón a las sesiones de trabajo. 

Sin embargo, lo determinante fue el populismo de Trump que usa la demagogia y manipula los sentimientos de la gente molesta y frustrada en EE.UU. porque desde hace ya muchos años casi todo lo que se vende en tiendas y supermercados es de China, Vietnam, India, República Dominicana, México… o --como he visto-- de Nicaragua. Trump promete que todo se producirá o se fabricará de nuevo en EE.UU. Pero --como dijo Hillary Clinton-- un político puede ofrecer muchas cosas, pero debe explicar cómo lo hará y de dónde sacará el dinero para hacerlo. Trump no ha dicho cómo hará competitiva la mano de obra de EE.UU. de 10 dólares la hora con la de China de 0.70 centavos, ni cómo bajará el alto costo del “estilo de vida americano” a los niveles mucho más baratos de otros países, que son condiciones para que regresen las fábricas. Cómo obligará a México a pagar la muralla; cómo va a organizar un ejército necesario para localizar, perseguir, capturar y expulsar a 11 millones de indocumentados; cómo va a evitar que ISIS se aproveche de que cierre 1,100 mezquitas y prohíba la entrada a todos los musulmanes, exponiendo a los EE.UU. a más ataques terroristas. Pero su populismo convence a millones.

Los líderes del Partido Republicano no quieren que Trump gane la nominación. Puede ser que no quieran ser representados por un demagogo, altanero y ofensivo, que además no surge de su camarilla. Aunque la principal razón es que todas las encuestas serias indican que tanto Clinton como Sanders lo derrotarían más fácilmente que a cualquier otro republicano. Por eso planean que de llegar Trump a la Convención con más delegados pero sin la mitad más uno, romperían las reglas y el pacto firmado de respaldar como candidato a quien vaya a la cabeza, e ignorando las primarias nominarían a otro. Como dijera Juan Carlos López de CNN: “Sería como cambiar las reglas de un partido de futbol para el segundo tiempo porque no me gusta el resultado del primero”. Tal decisión sería catastrófica para los republicanos; faltarían a su palabra con una maniobra deshonesta, y seguramente Trump, despojado y furioso, se lanzaría como independiente dividiendo el voto de los conservadores.  

Abogado, periodista y escritor
www.adolfomirandasaenz.blogspot.com

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus