Orlando López-Selva
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Muchos lo vimos en televisión.

Me gustó la frase célebre del Presidente norteamericano: “He venido a enterrar el último vestigio de la guerra fría en las Américas”.

Para los cubanos castristas, la visita de Obama les justifica como una “nación digna”; y en cierta medida, les avala su “revolución”.

Para los cubanos opositores —a quienes los revolucionarios nunca les pueden aceptar porque los castristas son fanáticos e intolerantes—,  el pragmatismo del Presidente norteamericano les está abriendo una puerta para que se acerquen más a ese mundo de oportunidades y recursos que ofrecen las sólidas democracias occidentales.

Los Castro, no difieren de la familia Saudí o los Kim de Corea del Norte. Jamás tolerarían a otros partidos políticos. Solo ellos son la casta “inteligente, digna, valiente, patriota”. ¿O sería un riesgo si pierden el poder y les ponen en el banquillo de los acusados?

¿Por qué tienen miedo de medir sus fuerzas con los que les adversan?

El mayor peligro para los dictadores es que les sugieran que hagan elecciones libres. Saben muy bien que perderían el poder total. Y se acabarían sus grandes privilegios.

¿Porque no aceptan que “el paraíso revolucionario”, aunque reparta pan, escuelas y medicinas “gratis”, nunca permite darles la libertad a sus conciudadanos al igual que la gozan otros de 100-120 países del planeta?

La respuesta es directa. Eso es lo más generoso y menos peligroso que pueden ofrecer los tiranos a cambio de que esos fanáticos leales, les defiendan a ellos y sus dictaduras.

¿Cuántos cubanos hoy pueden salir de Cuba?

Lo paradójico es que los cubanos, cuando tienen la oportunidad de salir fuera del país, tratan de escapar. ¿Por qué huyen del “paraíso socialista”?

Miembros de la sociedad civil oficialista cubana arguyen que “no pueden olvidar la historia”; y que Washington les mantiene un bloqueo “injusto y criminal”.

Pero vivir recordando que Washington fue enemigo del régimen de los Castro, sería igual a justificar un odio visceral contra los españoles por su colonialismo de hace 500 años.

¿Y por qué la Unión Soviética en sus mejores tiempos o Rusia hoy o la Venezuela petrolera de Chávez no les pudo ayudar a salir a los cubanos de esa situación terrible? Si Washington rectificó, ¿cómo se le llama a las medidas económicas para que haya más gentes haciendo dinero en sus propios negocios?

El régimen castrista, por varias décadas, entrenó a guerrilleros o envió tropas para que desestabilizaran a regímenes pro-occidentales en Latinoamérica, África, Indochina. ¿Quién está pensando en eso o quiere oír un perdón por aquellas deslealtades?

Si se ha acusado a Estados Unidos de interventor, ¿por qué no se tilda de interventor a  Cuba que tuvo a miles de soldados, en los años 70 y 80, luchando en Angola, Namibia, Etiopía?

¿Por qué el mal en el ojo ajeno es “monstruoso”, y el mismo mal en mi propio ojo es justificado como “solidaridad internacional”?

Entiendo que los cubanos no quieran que Washington les diga qué tipo de régimen deben construir en Cuba. Pero para  vivir en comunidad, los países desarrollados al ayudar a los menos favorecidos, comprensiblemente, si prestan o donan, establecen las reglas y condiciones que los beneficiarios deben cumplir. A nivel local los bancos exigen disciplina financiera cuando uno solicita un préstamo. Eso es razonable, correcto. ¿O los que dan no tienen derecho a saber quiénes serán sus beneficiarios? Usualmente, las normas que los países desarrollados establecen, exigen respeto para las minorías, Estado de Derecho, honestidad electoral, tolerancia hacia los opositores. Son condiciones mínimas de convivencia respetuosa humana que solo las tiranías cuestionan y denigran.

La democracia no es una imposición; es una condición de dignidad y civismo. ¿O es correcto aceptar a los que practican el esclavismo moderno?

Reconozco los avances en materia de salud, educación y cultura que ha tenido Cuba bajo los Castro. Pero, ¿Por qué si con una mano dan, con la otra tiranizan? ¿Por qué la solidaridad con los pobres y la represión contra los opositores?

Si los cubanos excluidos lucharon denodadamente contra el régimen de Fulgencio Batista, ¿estos revolucionarios no pueden hoy tolerar a sus adversarios, sino que se asemejan al tirano que derrotaron?

Obama ha seguido una política exterior pragmática. Restableció  relaciones con Cuba porque transa con los Castro en lo que se pueda: comercio, ciencia, tecnología, turismo. Y si hay áreas en las que nunca se puede acordar nada, eso no importa.

Antes de Obama, otros Presidentes norteamericanos hicieron lo mismo con  Arabia Saudí, China, Vietnam.

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