Editorial
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En medio de la preocupación que causa a ciudadanos y autoridades el incremento de los accidentes de tránsito y las muertes que estos provocan, persiste la inquietud de si algunos conductores causantes de tragedias, con agravantes, reciben las sanciones o castigos que merecen.

Nos referimos a casos en que conductores en estado de ebriedad o violando normas elementales de tránsito provocan la muerte de una o más personas. Dos ejemplos recientes son el de un hombre ebrio que mató a cuatro personas al estrellar el camión que conducía contra una parada de bus en Tola, una tragedia ocurrida en el inicio de la Semana Santa; y el de una pareja que viajaba en moto con su hija de 18 meses de edad, embestidos por un automóvil manejado por un joven en estado de ebriedad, según el reporte de la Policía, que además aventajó donde no debía. La familia de la moto falleció.

Según el Código Penal, a quienes causan muertes en accidentes de tránsito se les sanciona con hasta cuatro años de prisión, si no hay consumo de droga, alcohol o fármacos que inhabilitan para conducir un vehículo, pero la pena sube a seis u ocho años cuando quien conduce y causa la tragedia estaba en ese momento alcoholizado o drogado.

Nos preguntamos si una pena de seis u ocho años de prisión es suficiente para quien, conduciendo en estado de ebriedad, le quita la vida a una o más personas, como en los casos señalados.

Además, se sabe que muchas personas que cometen este tipo de homicidios, con agravantes, hacen arreglos con los familiares de las víctimas, a quienes pagan una indemnización para que retiren los cargos y así se evitan ir a juicio, lo cual es permitido por la ley.

En los casos de homicidios imprudentes, por el principio de oportunidad, la ley contempla la realización de un arreglo entre las partes, por lo que algunos conductores en esta situación logran acuerdos con familiares de las víctimas pagándoles con el seguro obligatorio del vehículo unos US$ 2,500, lo que contempla esa póliza por daños a terceros.

¿Vale eso la vida de una persona, arrebatada quizás por un conductor demasiado imprudente o irresponsable?

Algo que tal vez desconocen muchos ciudadanos es que la ley también permite a los familiares de las víctimas llevar el juicio hasta el final y, una vez declarado culpable el causante del accidente, estando firme la sentencia condenatoria, poder cobrar una indemnización justa por daños y perjuicios, por las vías penal o civil. Es cierto que es un proceso más tardado, pero la indemnización es mayor porque la Corte Suprema de Justicia ha dejado claro en varias sentencias que el daño y el perjuicio no tienen techo.

Consideramos que la ley debe ser aplicada con más severidad en casos de homicidios imprudentes agravados en accidentes viales. Así como han sido endurecidas las multas de tránsito, los procesos a conductores que cometen delitos con agravantes como la embriaguez deberían ser iniciados de oficio, explicando a los familiares de las víctimas que tienen más derechos que la indemnización mínima por daños a terceros.

Sin embargo, todos debemos cumplir con la ley hasta en lo más mínimo. Por ejemplo, llevar a niños en una moto donde ya van dos personas adultas, es una imprudencia y un desacato a las normas de tránsito. Debemos exigir la protección de la ley, si también cumplimos antes con la ley o las normas de seguridad.

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