Ana Lucía Escudero*
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Los expertos estiman que la producción mundial de alimentos debe aumentar en un 60% para alimentar a los 9 mil millones de personas que habitarán el planeta en 2050. Con un tercio del agua dulce del mundo y más de un cuarto de las tierras de mediano o alto potencial agrícola, América Latina desempeña una función de liderazgo para enfrentar este desafío. En los últimos años, se ha posicionado como la mayor región exportadora neta de alimentos y entre expertos se le llama la próxima despensa global.

El aumento de la población mundial representa un desafío para la industria agrícola dentro y fuera de América Latina. Asimismo, crea nuevas oportunidades de negocio como demuestran las siguientes tendencias:

1. La tecnología futurista no está en el futuro:

Hay una tendencia creciente en América Latina de empresas cuyas inversiones van más allá de las tecnologías tradicionales. En Uruguay una empresa ha creado un collar recargable para que los productores de leche puedan monitorear la salud de sus vacas y detectar enfermedades lo antes posible. Además, los collares ayudan a prevenir posibles robos de ganado en tiempo real y desde un teléfono celular. Del mismo modo, el Grupo BID proporcionó financiamiento a la empresa uruguaya Estancias del Lago para desarrollar un sistema de tambos estabulados que además incluye un biodigestor con el que la empresa recicla el estiércol del ganado para autoabastecerse de energía térmica.

La nueva tecnología ayuda a la agroindustria a aumentar su producción.

2. La agricultura con inteligencia climática:

Cuatro de los diez países más afectados por las condiciones climáticas extremas entre 1992 y 2011 se encontraban en América Latina. Como consecuencia, no es de sorprender que las empresas de la región inviertan cada vez más en las prácticas agrícolas respetuosas con el entorno donde operan. Un número creciente de ellas también reconocen el valor económico de invertir en prácticas climáticamente inteligentes, entre otras prácticas sostenibles.

En Brasil la Corporación Interamericana de Inversiones (CII), miembro del Grupo BID, está trabajando con Klabin, una empresa de pulpa y papel, para construir una nueva planta de celulosa. Fue un desafío comunicar la planta de Klabin con el bosque sin afectar la biodiversidad local que cuenta con importantes poblaciones de pumas, capibaras y otra fauna. Para mejorar la conectividad del hábitat, Klabin está aprovechando recursos del Fondo para la Agricultura Climáticamente Inteligente del Grupo BID para invertir en la construcción de pasadizos subterráneos para los animales, una práctica ya común en Europa y América del Norte.

3. Las asociaciones público-privadas:

En los últimos años, la colaboración público-privada se ha convertido en un importante vehículo para la agroindustria sostenible. Muchas empresas están recurriendo a los gobiernos locales y regionales para impulsar la productividad agrícola e identificar soluciones locales.

En Brasil, la agencia estadounidense para el desarrollo internacional (Usaid), la Fundación Wal-Mart, Wal-Mart Stores, Sebrae – Minas Gerais y Fair Trade USA juntaron a 12 cooperativas de café bajo la certificación de comercio justo.

Las cooperativas representan a más de 30,000 productores locales. Miles de ellos recibieron entrenamiento en manejo de cooperativas y mejores prácticas, además de subvenciones para mejoras de infraestructura.

Las asociaciones público-privadas representan una alternativa interesante para la agroindustria.

Sin duda quedan muchos desafíos para que América Latina pueda aprovechar de manera integral su potencial de alimentar el planeta. Afortunadamente, muchas empresas del sector ya están tomando cartas en el asunto y hasta hay foros específicos como AgroLAC2025 que crean redes entre los empresarios, los especialistas y el sector público para seguir impulsando soluciones innovadoras.

*Especialista de comunicación del BID.

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