Erick Aguirre
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

El nicaragüense Leonel Delgado publicó en 2012 el libro Excéntricos y periféricos –Escritura autobiográfica y modernidad en Centroamérica–; versión de su defensa de tesis o disertación de doctorado presentada en el Departamento de Lenguas Hispánicas de la Universidad de Pittsburgh en 2005.

En el prólogo, el norteamericano John Beverley dilucida el término “modernidad compensatoria” con que el mexicano Octavio Paz definió los alcances de la literatura latinoamericana, pese a la herencia colonial de relaciones semi-feudales, subdesarrollo y dependencia que hicieron a Latinoamérica “llegar tarde a la mesa de la modernidad económica, social y política”.

Beverley observa que, desde el Barroco, “América Latina está completamente a la par con los países más avanzados en literatura”. Observación que desde las tesis del mexicano Leopoldo Zea viene subrayando la notable desproporción entre las manifestaciones artístico-culturales latinoamericanas y sus limitaciones o carencias en el ámbito socioeconómico y político.

Beverley dice que Centroamérica en particular es acreedora de un estatus doblemente excéntrico o periférico, y la llama “periferia de la periferia”, pues además de compartir la condición de Latinoamérica como zona periférica de la modernidad, en ese contexto es también otra periferia.

Delgado empieza analizando los escritos autobiográficos de Rubén Darío (entre los que incluye sus crónicas y su novela inconclusa) como textos heterogéneos en el marco de la modernidad y del movimiento modernista, y asume que pese al agudo conflicto que implicó su ingreso a la modernidad, su obra está marcada por periodos de politización que buscan fundamentar una identidad regional.

Comparto dicha inclusión, pues considero que toda obra literaria es en esencia autobiográfica. Tengo incluso el convencimiento de que tanto las autobiografías como la novela de Darío constituyen también ejercicios de crónica, y de que sus artículos están afectados por reminiscencias ficcionales.

Delgado afirma que Darío recurrió a la novela autobiográfica como una rearticulación de “la política de la escritura de sí”, y sugiere que su autenticidad depende del grado de autonomía del espacio literario en que se desenvolvió.

No sé si eso implica una rearticulación ideológico-política particular de Darío a través de la literatura, pero estoy claro de que los elementos preponderantes en la dinámica de su pensamiento siempre estuvieron determinados por lo que Beverley llama la “ideología de lo literario”, y que podríamos relacionar con lo que, por otra parte, el norteamericano Harold Bloom llama “amor literario”.

Para Bloom el funcionamiento de la literatura solo es comprensible si a su vez se comprende en su proceso “la abrumadora presencia del amor”. En este caso, más que entre ideologías, las identificaciones u objeciones intelectuales de Darío se producirían entre temperamentos y circunstancias disímiles o coincidentes con ese amor literario.

“Encontrar aquello que podamos utilizar para sopesar y reflexionar, y que nos llene de la convicción de compartir con el texto una naturaleza única, libre de la tiranía del tiempo”, dice Bloom.

Desde una perspectiva aparentemente opuesta, Delgado estudia también otros textos autobiográficos centroamericanos representativos tanto del modernismo como de las vanguardias y posvanguardias, hasta llegar al testimonio más contemporáneo. Plantea la existencia de una brecha entre cómo se inscribe históricamente una cultura y el sentido utópico, democrático o generalizado que le infunden las elites.

Aunque extiende una respuesta a las ideas de la norteamericana Silvia Molloy respecto a las fabulaciones recurrentes en la escritura autobiográfica hispanoamericana en distintos contextos históricos; Delgado, según Beverley, también ha extendido la idea de “alegoría nacional” del norteamericano Frederic Jameson, y la de “ciudad letrada” del uruguayo Ángel Rama (que suponen la existencia, desde nuestras independencias, de un vínculo de mutua legitimación entre el Estado y la formación de nuestras elites) para construir una especie de variante centroamericana de tales ideas.

Sin embargo, Beverley también subraya la sugerencia del puertorriqueño Julio Ramos de que la idea de “ciudad letrada” como formación cultural trans-histórica ignora la tendencia gradual a desarrollarse con autonomía que ha mostrado, de un tiempo a esta parte, la tradición literaria latinoamericana; y reconoce que al marcar sus límites en Centroamérica, Delgado también reaviva o revaloriza la autoridad de lo literario.

Coincido con él en que Excéntricos y periféricos plantea la posibilidad de una lectura social, cultural, democrática e igualitaria de la literatura.

* Escritor y periodista.

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus