Gustavo-Adolfo Vargas *
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El 24 de marzo de 1976 se instaló la dictadura de Jorge Rafael Videla. El gobierno de Isabel Perón y José López Rega se caía a pedazos por la corrupción, el desorden económico, la represión paralela de la triple A, en medio de la protesta que crecía en el movimiento sindical y el accionar de las organizaciones guerrilleras.

Estado terrorista y modelo económico neoliberal, fueron las dos caras de una misma moneda: el ejército se encargó de destruir físicamente las bases de apoyo y la resistencia de los sectores progresistas; sindicatos y organizaciones de izquierda. José-Alfredo Martínez de Hoz (ministro de Economía), se ocupó de acabar con sus fuentes de alimentación: el Estado Benefactor y la Industria.

En 1976, fue el último golpe de Estado cívico-militar, pero no el único del siglo XX, la dictadura iniciada ese año, se caracterizó de Terrorismo de Estado. Desde 1930, los argentinos sufren constantes interrupciones del orden democrático; la suspensión de los gobiernos elegidos por el pueblo y la apelación a la violencia, que era frecuente.

Quienes decidieron tomar el gobierno fueron los militares, los diversos grupos de gran poder económico, grupos conservadores, medios de comunicación, etc., que según una dictadura era necesaria para organizar el país.

El gobierno estadounidense les dio el visto bueno con la Operación Cóndor, alentado por el “orden” impuesto a terror de años atrás, con muertos, torturados, miles de presos y desaparecidos, en Brasil, Chile y Uruguay. Los dictadores se coordinaron para aplastar a sus opositores, asesinando, reprimiendo, torturando, robando y raptando niños.

Siete años en el poder dejaron las siguientes consecuencias: sociales, económicas y culturales; más de 30,000 desaparecidos, se robaron más de 400 niños; daños en los excombatientes de la guerra de Malvinas; deterioro en las tramas subjetivas de las víctimas directas y sus familiares.

Henry Kissinger (secretario de Estado), dio luz verde a la ola de represión de la Junta Golpista, según documentos secretos estadounidenses desclasificados. Con la reciente visita del presidente Barack Obama a la Argentina, justo en el 40 aniversario de ese golpe, prometió revelar más sobre esa historia de relación entre Washington y Buenos Aires.

En Argentina se desarrollaron acciones de control, disciplina y violencia; tomaron decisiones económicas favoreciendo el ingreso de bienes y mercancías del exterior, sobre la producción nacional. Miles de trabajadores de la industria nacional perdieron su trabajo, porque no existía producción igual o menor precio a los importados.

Urdieron una campaña publicitaria en contra de este proceso, queriendo convencer a la población argentina que su industria era de baja calidad y que lo bueno era lo que llegaba de otros países.

Los miembros sucesivos de Junta Militar y las empresas asociadas, tomaron gran cantidad de empréstitos del exterior. La deuda externa se incrementó de 8 mil a 43 mil millones de dólares; la Junta decidió convertirla en deuda pública, es decir que todos los argentinos debían pagarla. Las medidas financieras y administrativas marcaron un período de no inversión social. 

Después de muchos años, los argentinos sanaron sus heridas de la época de la dictadura neoliberal, garantizando la vida, salud, educación, vivienda y la nutrición de las mayorías, convirtiendo en ciudadanos a millones de pobladores excluidos.

En la actualidad imponen un modelo político, económico y social, controlando los medios de comunicación, sirviendo a los intereses de grandes empresas nacionales y transnacionales.

Quienes dirigen la entidad pública son los empresarios; miles de empleados han sido despedidos por el cierre de fábricas. Hay endeudamiento externo y una dura represión para el ordenamiento social: ya no son los militares quienes actúan, ahora son policías militarizados; mientras medios concentrados crean imaginarios colectivos.

Los medios de comunicación de masas, es la nueva arma mortal dirigida hacia el país argentino y está en poder de algunas corporaciones, manipulándola a favor de sus intereses corporativos, aunados a las más reaccionarias fuerzas políticas.

*Diplomático, jurista y politólogo. 

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